martes, 30 de noviembre de 2010

Día 36: Todos juntos otra vez

28.sep.2010

Nuevamente de paseo por las calles cusqueñas, y ya sin el paro con el que nos habíamos topado días atrás, nos dedicamos a recorrer un poco la ciudad, más que nada el mercado y las ferias artesanales en busca de algo que valiera la pena comprar. Pasado el mediodía nos encontramos en la plaza de armas con Frederique y Aurelie, tal como habíamos acordado la noche anterior. La tarde se pasó demasiado rápido. Fuimos los cuatro a comer algo, estuvimos caminando, haciendo algunas compras, y también aprovechamos de ir hasta la terminal a sacar nuestros pasajes, ya que todos debíamos continuar nuestros recorridos al día siguiente; ellas a la mañana saldrían rumbo a Copacabana y nosotros a la noche hacia Arequipa. A la nochecita habíamos quedado de encontrarnos con todos los del tour en un bar, así que antes de eso Frederique aprovechó para llamar por teléfono a su familia y conectarse a internet. Como yo seguía teniendo mi pulserita para poder ingresar a The Point pese a haber hecho el check out, entré, me encontré con Víctor ahí y aproveché para usar internet. En eso, al él leer un mail me dice que tenía malas noticias desde Buenos Aires, ya que su hermano se había caído del techo mientras podaba una planta, y a raíz de ello se había quebrado un par de costillas, y también se había golpeado la cabeza, por lo que estaba inconsciente. Ahora estaba internado y viendo como evolucionaba. Si bien hubo cierta preocupación por la situación, el panorama que le planteó su padre no parecía demasiado preocupante, o por lo menos yo lo tomé como algo no muy serio.


Reencuentro en el bar, todos limpios y perfumados. De izquierda a derecha: yo, Frederique, Aurelie, Víctor, Fabian, Max, Jaana, Michael, Christina, Jacquie, Tero, Steven y Wouter.


Más tarde fuimos para el bar y nos reencontramos con casi todo el grupo del tour, ya que algunos tuvieron que irse ese mismo día. Después de vernos continuamente durante cinco días, ahora parecíamos otras personas al estar todos bañados y con ropa limpia. Cenamos, tomamos, charlamos, nos divertimos mucho, e incluso festejamos el cumpleaños de Aurelie después de medianoche. Al despedirnos lo hicimos deseándonos nuestros mejores deseos para el resto del viaje de cada uno, ahora por rumbos diferentes, y con la idea de poder encontrarnos más adelante con algunos. Víctor se había ido minutos atrás para hablar por teléfono a su casa, y ya no volvía al bar sino que se iba directamente al hostel, por lo que no nos volvíamos a ver hasta la mañana siguiente ya que yo me había cambiado al otro hospedaje.


La improvisada torta de cumpleaños de Aurelie.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Día 35, parte 4: ¿Dónde mierda me metí?

Al llegar nuevamente al bar sentí una especie de escalofrío al encontrarme con un panorama completamente diferente al que había dejado minutos atrás: una vela iluminaba tenuemente el rincón en donde ella seguía recostada sobre el banco, pero ahora David la había descalzado y pasaba por debajo de sus pies un trozo de madera humeante mientras ella lloraba. Al ver ese escenario un tanto tétrico me preocupé, y no entendía nada de lo que estaba pasando. Me acerqué con un poco de temor, le acaricié la frente a ella para que supiese de mi regreso, y sentí muchos nervios al ver las lágrimas cayendo de sus ojos mientras sacudía su cuerpo, producto del fuerte llanto. Le pregunté a David que qué estaba haciendo y por qué Frederique estaba llorando, a lo que me respondió que ella necesitaba largar mucho dolor que tenía dentro de sí. Durante unos segundos quedé como un espectador de aquello, sin saber si debía dejarlo a David que hiciese lo suyo o si por el contrario tenía que ponerle fin a todo en ese mismo momento. Él nos dejó solos y aproveché para preguntarle a ella si estaba bien, si David le había hecho algo, pero me respondió todavía con lágrimas en sus ojos que no me preocupara, que todo estaba bien, y que él le inspiraba mucha confianza. Seguí acompañándola todo el tiempo, aunque todavía asombrado por la escena con la que me había encontrado. David vuelve a acercarse, y ante mi insistencia por saber qué fue lo que llevó a Frederique al estado en el que estaba, me mostró que sólo le había tocado unos puntos clave del cuerpo, ubicados en la mano, el codo y el tobillo, y que eso le provocó el llanto, pero por una necesidad de desahogo. Me explicó por ejemplo que el punto ubicado en el tobillo es el que controla los músculos del cuerpo, y para demostrármelo le apretó esa parte del cuerpo a Frederique, pero muy suavemente con apenas dos dedos, y al hacerlo ella sacudió toda la pierna con bastante brusquedad. Él me dijo que esto significaba que ella tenía todos los músculos muy agotados. Al ver la reacción con mis propios ojos me di cuenta que él sabía lo que estaba haciendo, y eso me tranquilizó un poco. También iba a necesitar tomar mucho líquido, porque estaba claramente deshidratada, así que fui a comprarle una Gatorade, la cual se tomó rápidamente.

Pasado el llanto y más relajada, nuevamente estaba ella en el baño cuando David se me acerca con una Biblia en mano, diciéndome que ese libro lo era todo. Pensé que me iba a salir con el típico discurso evangelista, pero no. Dijo que está bueno leerlo, pero no por la religión en sí, que son todas cualquier cosa, sino porque lo ayuda a uno a conocerse a sí mismo. Como vi que lo que decía iba para otro lado, le comenté que yo la estoy leyendo íntegramente, sólo por curiosidad. Me dijo que mucha gente viaja hasta el Machu Picchu en busca de esa montaña sagrada, en busca de algo que no saben qué es. Pero que para encontrar esa montaña no es necesario viajar tantos kilómetros. Él mismo tenía su montaña, que era su madre; lo era todo para él. Años atrás él consumía drogas, y muchas veces volvía a su casa temblando, con el cuerpo duro por la merca, pero en cuanto tocaba el pie de su madre, los músculos se le relajaban instantáneamente. Y cuando su vieja murió se le desmoronó esa montaña, se le vino todo abajo. Y ahí se dio cuenta de lo valiosa que era ella en su vida, y que la había perdido, pero que de todos modos ella seguía estando presente en todos lados, y que la Biblia le fue necesaria para darse cuenta de eso.

Frederique salió del baño notablemente mejor, y ya aparentemente recuperada de la extraña sesión chamánica. Volvió a recostarse y nos quedamos los dos escuchando a David, hasta que llegó Mercedes porque ya era hora de ir a la estación del tren. Frederique dijo que se sentía bien, así que le agradecimos mucho a David por todo su tiempo y dedicación, quien además no quiso cobrarnos ninguno de los te que preparó. Además me regaló algunas hojas de coca y el trozo de madera que había utilizado anteriormente, que era de palo santo, y que dijo que a ella le iba a hacer bien. Lo saludamos con un fuerte abrazo y agradeciéndole con todo nuestro corazón.

Nos fuimos caminando tranquilamente hasta la estación, y ella con mucho mejor semblante y estado de ánimo que antes. El tren que nos llevó hasta Ollantaytambo no era el más cómodo. Yo quería sentarme a su lado por cualquier cosa que pudiera llegar a necesitar, pero no pudo ser. Durante el viaje ella intentó descansar, pero se notaba en su cara que seguía con malestar, hasta que nos bajamos del tren y tomamos el micro a Cusco. Ahí sí pude sentarme a su lado, y más relajados llegamos a nuestro destino pasadas las once de la noche, donde cada uno se fue hacia su hostel. Yo estaba tan agotado física y mentalmente, que ni siquiera tuve fuerzas para ducharme, y me fui a dormir como estaba.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Día 35, parte 3: Hay que avisarle a alguien

David se alejó hasta la puerta, y aprovechando esos segundos solo le mandé un mensaje de texto a Víctor comentándole toda la situación por la que estábamos pasando, y de la cual nadie sabía nada. Un par de minutos después se me acerca nuevamente David para reiterarme una vez más que ese lugar era mi casa, que me ponga cómodo, y que si llegaba a necesitar hielo que lo saque de la heladera. Pero en lugar de llamarme por mi nombre de dijo “Víctor”. Yo me sorprendí, porque él sabía mi nombre, y en caso de confundirse era muy poco probable que le pegue justo al de mi amigo a quien le acababa de mandar un mensaje, y a quien él no conocía. Entonces le pregunto:
-¿Cómo me llamaste?
-Víctor. Ah, no, vos eras Martín. Cierto que me habías dicho.
-¿Pero por qué me dijiste Víctor?
-Me equivoqué de nombre.
-Acabo de mandarle un mensaje a mi amigo Víctor.
-Ah… -dice él, mientras se aleja con una sonrisa, tocándose la sien con su dedo índice, como indicando el poder de su mente.
Yo me quedé unos instantes solo, intentando razonar de algún modo lo que estaba pasando. Frederique seguía en el baño, y unos minutos más tarde cuando vuelve a acercarse David aproveché para preguntarle si era un chamán, a lo que me respondió que si. Su padre y su abuelo habían trabajado con este tipo de medicinas naturales, y que en determinado momento, años atrás, él también sintió ese llamado y empezó a dedicarse a ayudar y curar a la gente que lo necesitaba. Me contó que una vez encontró a un nene tirado en la calle, que se había intoxicado comiendo una flor de floripondio, y que gracias a su trabajo el chico pudo salir adelante.

Cuando Frederique salió de baño se la veía un poco mejor, había recuperado su color y parecía tener mejor ánimo. De todos modos David nos dijo que tenía que descansar; que hoy iba a mejorar un poco y que para eso iba a prepararle un segundo te de hierba buena, pero que recién mañana iba a estar bien del todo, después de dormir. Ella volvió a recostarse sobre el banco y yo me quedé a su lado haciéndole compañía. Pero el tema era que ya hacía más de una hora que estábamos ahí y nadie sabía de nosotros, y en un rato más saldría nuestro tren. El grupo no tenía conocimientos de nuestro paradero, si ya habíamos bajado del Machu Picchu o si todavía estábamos dentro del parque. Le comenté esto a ella, y que básicamente teníamos tres opciones para seguir: la primera era intentar ir hasta nuestro hotel para poder dar aviso de la situación al resto del grupo, y además para que ella pudiese acostarse aunque sea un rato; la segunda era que ella me esperase ahí, recostada en el bar, mientras yo iba hasta el hotel rápidamente para dar aviso y volvía; y la tercera era quedarnos esperando ahí a que alguien pase caminando por afuera, ya que el bar estaba en lo que era la principal calle de acceso a Aguas Calientes. De todos modos le dije que no se hiciera ningún problema, y que si ella no se sentía del todo bien como para viajar de regreso a Cusco y prefería pasar ahí la noche, yo me iba a quedar con ella acompañándola, y al día siguiente íbamos a encontrar alguna forma para volver. Me agradeció con la mirada y yo intenté transmitirle seguridad. De todos modos ahora era momento de deliberar qué hacer, y después de unos segundos optó por la segunda alternativa, así que le dije que solamente iba a ausentarme durante algunos minutos y salí corriendo de allí.

Al llegar al hotel, el muchacho de la recepción me pregunta en qué habitación estaba. Con el poco aire que tenía, producto de haber corrido esas cuadras demoledoras, le respondo, pero él me dice que ese cuarto estaba vacío, que sólo había sido reservado por la noche pasada. Ahí reacciono que tenía razón, por lo que el resto del grupo podía estar en cualquier lugar de la ciudad. Además de dar aviso a nuestros compañeros, tenía que ir a buscar el pasaje de vuelta de Frederique, que Henry lo había dejado en algún lado junto con los del resto del grupo, pero no sabía bien en dónde. El flaco del hotel me dice que me fije en el restaurante de al lado, porque ahí estaban algunos de los que habían estado hospedados. Voy para ahí y me encuentro con algunos de los del otro grupo que hizo la travesía con nosotros. Les comento rápidamente la situación, para que por lo menos ellos estuviesen al tanto, pero no tenían idea de dónde podían estar nuestros compañeros. Entra al restaurante el muchacho de la recepción del hotel y me dice que los pasajes de vuelta tienen que estar en el mismo restaurante donde cenamos la noche anterior. Así que salgo nuevamente corriendo hacia ese lugar que estaba a no más de cuatro cuadras, pero las laberínticas calles internas de Aguas Calientes me desorientaron y no llegué a mi destino. Me quedé parado en medio de la calle, muy agitado e intentando recuperar un poco el aire, cuando lo veo a Ziv que venía caminando, así que con un poco de alivio me arrimo, le pregunto si sabía en dónde estaba el resto del grupo, y me señala que apenas cruzando la calle estaban Víctor, Aurelie, Mercedes, Tero y Jaana sentado a la mesa de un bar. Al verme agitado como estaba y con cara de preocupación se borraron las sonrisas que había en ese grupo. Les expliqué lo que había pasado y en dónde estaba Frederique, y por supuesto no tuvieron ningún problema en encargarse ellos de ir a buscar el pasaje de vuelta y las cosas nuestras que habían quedado en el hotel, lo que fue un gran respiro para mí. Arreglamos que cuando fuese el momento de irnos, Mercedes iba a pasar a buscarnos por el bar, así que les agradecí y volví velozmente para encontrarme con Frederique quien había quedado sola.

Continuará...

sábado, 27 de noviembre de 2010

Día 35, parte 2: ¿Será un chamán?

Tardamos cerca de una hora hasta llegar a la base del cerro, con reiteradas pausas y preocupación de mi parte porque no le veía buena cara a Frederique, estaba pálida, y de a momentos me daba la sensación que estaba como débil y tal vez mareada, con la mirada semi perdida. Durante la bajada por la escalera yo iba caminando delante suyo, y repetidas veces me giraba para mirarla y ver como seguía, y me mantenía alerta por si ella empeoraba, para que no cayera. Al llegar abajo ya el camino era bastante más sencillo, pero de todos modos quedaban unos cuantos minutos hasta el hotel. Seguimos caminando y cuando estábamos a apenas algunas cuadras del hospedaje, se frena en un banco de plaza y me dice que necesitaba agua. Como la que llevábamos encima ya se había terminado, cruzo la calle y me meto en un bar para comprar una. El flaco que atendía el lugar me saluda dándome la mano y me dice algo que no logro entender. Al ver mi cara de desconcierto, sorprendido me pregunta si no entendí, y al confirmárselo me dice que era un saludo rastafari. Le digo que yo solamente tengo rastas por la falta de higiene, y el flaco empieza a reírse divertido. Yo no estaba de humor, así que medio que le corté la broma y le pregunté si tenía agua, y él con buena onda me dijo que pase al baño y tome directamente de la canilla, que era buena. Le explico que no era para mí, sino para una amiga que estaba afuera y se sentía mal, mientras le señalo el banco. Me pregunta que le pasó, y le explico que andaba con dolores de estómago; entonces agarra una botella de agua mineral suya que tenía debajo del mostrador y me dice “vamos”, mientras sale del bar.


Mientras bajábamos de Macchu Picchu a Aguas Calientes.


Frederique se había recostado en el banco, y cuando llegamos nosotros, el flaco del bar la saluda dándole el agua, le toca la cabeza, y dice que seguramente estaba así por el sol. Ella intentaba prestarle atención, pero yo me daba cuenta por su cara que el malestar le dificultaba la comprensión. El muchacho nos dice que pasemos al bar, que era nuestra casa por si queríamos ponernos cómodos y utilizar el baño, y que le iba a preparar un te de coca que le iba a hacer bien. Entramos, ella fue directamente al baño, y yo me quedé al lado de la puerta por si llegaba a necesitar algo. El flaco se acerca a preguntarme qué había pasado, y entonces le cuento que estuvimos haciendo la caminata de cinco días, y que hoy fuimos hasta Machu Picchu, y que por ahí el causante del malestar es todo el esfuerzo realizado. Él dice que capaz algo que comió le cayó mal, pero ella sólo comió fruta así que es poco probable, pero sí puede estar insolada y un poco deshidratada. El flaco se presenta: se llama David y es colombiano.

Cuando Frederique sale del baño nos sentamos en un banco, ella bastante pálida y con la mirada un poco perdida. Yo me quedé a su lado intentando animarla un poco y sosteniéndole la mano. David nos trae el te y le dice que lo tome, que le va a hacer bien. Nos dice que va a necesitar descansar y que podemos quedarnos en el bar todo el tiempo que necesitemos. Frederique toma un poco del te y se recuesta. Yo sólo quería que nos quedásemos ahí un rato, tranquilos, esperando una pronta mejoría para poder continuar hasta el hotel, donde tal vez podría descansar mejor hasta que llegase la hora de salida de nuestro tren, pero David cada dos minutos venía donde estábamos nosotros para hacer algún comentario, y si bien era buena onda, en el momento me fastidiaba un poco.

Mientras Frederique seguía con su te de coca, David nos dijo que después de ese le iba a preparar otro de hierba buena, que es lo mejor para el estómago, y a su vez vino con una flor a la cual le arrancó dos pedazos: uno se lo dio a ella y otro a mí para que los tengamos apretados en nuestras manos. Era floripondio lo que nos dio, una planta alucinógena, y tomando nuestros puños nos dijo que teníamos que estar unidos entre nosotros y cuidarnos. David se retiró y ella con cara de incertidumbre me preguntó si no sería un chamán. Yo no lo sabía, ni tampoco si las propiedades del floripondio causarían efecto por vía táctil, pero por lo menos ella parecía estar un poco más animada después del te, y eso me alegraba. Más tarde David le alcanzó el te de hierba buena tal como lo había prometido, y a Frederique pareció gustarle. Por las dudas le pregunté a él si no tenía alguna propiedad alucinógena, pero me dijo que no, que solamente era bueno para el estómago y que era purgante, y pareció hacer efecto ya que después de un par de sorbos ella tuvo que ir al baño.

Continuará...

viernes, 26 de noviembre de 2010

Día 35, parte 1: El impacto del Machu Picchu

27.sep.2010

Arrancamos el día bien temprano apenas pasadas las cuatro de la mañana. Hicimos punto de encuentro con todo el grupo en la plaza de Aguas Calientes, y arrancamos con la caminata ascendente hasta el Machu Picchu. El acceso al parque fue absolutamente demoledor, ya que constó en subir escalón tras escalón durante una hora. Pese a la relativa frescura de la mañana, ya que el sol aún no había salido, llegamos muy agotados, y creo que transpiramos más durante esa hora que en todos los días pasados. No éramos solamente nosotros intentado llegar, sino cientos y cientos de personas, ya que en Aguas Calientes había muchísimos contingentes de turistas, y obviamente todos con un mismo objetivo. Al ser angosta la escalera de acceso a Machu Picchu, se formaba una fila interminable que algunos respetábamos, pero que otros pelotudos tomaban como si fuese una carrera por llegar primero, e intentaban avanzar por el costado.


Junto a Víctor, Mercedes, Frederique y Aurelie en la entrada
del parque, en un estado absolutamente deplorable.


Llegar a la entrada del parque se sintió como un gran logro, y como durante la caminata nos fuimos dispersando con los demás compañeros del grupo, ya que cada uno lo fue haciendo a su ritmo, al encontrarnos nuevamente arriba lo festejamos. Para poder ingresar tuvimos que esperar ahí unos cuantos minutos, y también para anotarnos para subir al Waynapicchu, que es esa montaña alta que se ve detrás de la típica postal del Machu Picchu, ya que solamente puede subir una cantidad limitada de personas por día. Por tantos minutos de espera no pudimos ver el amanecer sobre las ruinas, aunque posiblemente de todos modos no lo hubiésemos podido hacer ya que estaba bastante nublado, o mejor dicho éramos nosotros quienes estábamos dentro de las mismas nubes.


Las ruinas, todavía cubiertas por las nubes de la mañana.


Una vez dentro del parque empezaron a verse algunas ruinas, pero fue muy impactante un momento en que íbamos todos por una especie de pasillo lleno de gente que impedía ver hacia delante, y cuando por fin pude avanzar y llegar al frente de la fila, me encontré con esa típica imagen del Machu Picchu que uno tiene vista de todos lados; esa impresionante postal te impacta no gradualmente, sino que de lleno en el medio de la cara y del pecho. Empezamos a recorrer esa ciudad incaica que es realmente muy grande, y que es imposible hacerlo todo en un solo día. Cuando el sol empezó a subir las nubes desaparecieron, permitiendo apreciar el espectáculo de ese lugar en todo su esplendor. Y ahora mientras escribo me doy cuenta que tengo muy poco para decir sobre este sitio, pese a todo el impacto que genera y lo maravilloso que es, posiblemente porque haya que conocerlo para saber de qué se trata.


Impresionante vista del Machu Picchu que te llena los ojos.


Después de unas cuantas horas caminando por entre esas ruinas con tanta historia, empezamos a subir al Waynapicchu, que significa “montaña nueva”, así como Machu Picchu es “montaña vieja”, ya que antes de que las ruinas incas fuesen descubiertas, la gente del lugar llamaba a la montaña con ese nombre. Ascender al Waynapicchu es bastante difícil y cansador, por la altura a la que se está y las grandes rocas que hay que subir, pero vale la pena llegar hasta el punto más elevado de la zona y ver todo desde las alturas. Después de bajar y pese al cansancio, con Frederique teníamos ganas de seguir recorriendo el parque, tal vez subiendo alguna otra montaña, y como Víctor y Aurelie no tenían muchas ganas de eso, fuimos nosotros dos hasta el puente del Inca, cosa que sinceramente no vale la pena.


Con Frederique en la cima del Waynapicchu.


A media tarde y después de todo un día agotador en las ruinas empezamos a bajar, ya que poco después del anochecer teníamos que tomar el tren en Aguas Calientes para el retorno a Cusco. Frederique me comenta que no se sentía muy bien del estómago, así que frenamos algunos segundos a la sombra para que pudiese descansar y tomar un poco de agua. Algunos minutos más tarde otra vez tuvimos que hacer una pausa por su malestar, que ya se reflejaba en su semblante y en la desaparición de su sonrisa. Seguimos avanzando escalones abajo y la situación no parecía mejorar. Al toparnos con la ruta zigzagueante que cortaba en repetidas ocasiones el trayecto de la escalera, le pregunto a ella si no prefería que esperásemos ahí a que pasara uno de los buses que bajaban desde el Machu Picchu hasta Aguas Calientes, pero me dijo que no era necesario, y que podía seguir caminando. Así que continuamos, y para alivianarla un poco cargué con su mochila, sumándola a la mía.

Continuará...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Día 34: Cuidado con el tren

26.sep.2010

Al comenzar el día nos dividimos en dos grupos para ir hasta Hidroeléctrica: Steven, Wouter, Mercedes, Frederique, Aurelie, Max, Jacquie, Víctor y yo fuimos caminando con Dany durante unas tres horas, y el resto fue con Henry en micro. Al encontrarnos en destino almorzamos todos juntos y más tarde emprendimos una nueva caminata, esta vez por un paisaje mucho más atractivo que el anterior, rodeados de verde, en medio de un entorno absolutamente selvático y siguiendo las vías del tren. En un momento teníamos que cruzar por sobre un río, y al costado de las vías había una pasarela que hacía las veces de puente peatonal. En lugar de avanzar por ahí decidí hacerlo por la vía misma, con mucho cuidado por la distancia que había entre los durmientes, y por el vértigo provocado por la altura, ya que entre los listones de madera podía verse la profundidad hacia abajo. Cuando estaba todavía a mitad de camino, escucho a quienes ya habían terminado de cruzar gritándome que venía el tren. Me detengo un poco alarmado, pero no veo nada ni adelante ni atrás mío, ni tampoco oigo ningún ruido que indique la aproximación del vehículo. Sigo caminando sobre los durmientes con la misma cautela, pero rápidamente vuelven a gritarme, esta vez con más desesperación. Me freno, y busco con la mirada la forma para poder pasarme al sendero peatonal, pero veo que era imposible porque había muchos fierros que me impedirían el avance, así que no me quedó alternativa más que ponerme a correr, saltando los huecos por donde se veía el río unos cuantos metros bajo mis pies. Finalmente llegué a tierra firme y el tren pasó sin inconvenientes. Si bien no estuvo a punto de atropellarme, la adrenalina que tuve en ese momento fue bastante elevada.


Cara de encandilado, pero cuánta felicidad!


Siguiendo las vías hasta Aguas Calientes.
Se recomienda ir caminando por el caminito del costado.



Más tarde llegamos para darle final a nuestra jornada a la ciudad de Aguas Calientes, que es un lugar increíble. Si bien el día anterior ya nos habíamos llevado una sorpresa al encontrarnos con la ciudad de Santa Teresa, esto fue algo absolutamente superior. Aguas Calientes es una ciudad hecha y derecha, enorme, y plagada de hoteles, restaurantes, comercios, y todo lo que el turismo puede llegar a necesitar, ya que ese es su fuerte y se nota mucho. Es muy raro encontrarse con semejante monstruo lleno de gente, autos, luces, y toda la vida que una ciudad tiene, después de cuatro días enteros de caminata por la montaña y con la sensación de estar alejándose de todo. Lo primero que hicimos fue ir hacia nuestro hotel. Nos tocó compartir habitación con Víctor, Arik y Ziv, y una vez instalados, nos turnamos para bañarnos, cosa que era lo que más necesidad teníamos de hacer, después de tantos días. Después del baño fuimos a tomar unas cervezas con Víctor, Frederique y Aurelie, asombrándonos por esa magnífica ciudad. Más tarde nos juntamos todos a cenar en un restaurante, sintiéndose en el ambiente una unión en el grupo mucho más fuerte que durante los días anteriores. Pese a que al día siguiente habría que levantarse muy temprano, quisimos aprovechar un poco más la última noche, así que fuimos a tomar unos tragos con Víctor y Mercedes.


La cena en Aguas Calientes, con todo el grupo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Aniversario

El monstruo cumple un año. Mirá vos...

domingo, 21 de noviembre de 2010

De sábado a sábado en 150 palabras

MERMELADA AWAYMANTO INKA CAÍDA EXPLOSIÓN VIDRIOS PÉRDIDA DARDO ROCHA MATE FACTURAS CARTAS YANIV MÚSICA NAVIDAD DESFILE ALPARAMIS MUCHEDUMBRE BICICLETA NOCHE MUSEOS PALERMO PLANETARIO MALBA CANAL SIETE MADRUGADA HAMBRE HAMBURGUESA BOURBON ALMUERZO FAMILIA DIEZ MUNDOS RECITAL MOON ROCK DÚO ENERGÍA TIEMPO PLANCK GOYENECHE PIZZAS BELLE SEBASTIAN LUNA MÚSICA CONFORT PLACER MELANCOLÍA CATA REENCUENTRO CAMINATA CHARLA ABRAZO FRED AMIGAS ESTADOS UNIDOS PARQUE PALERMO MATES BIZCOCHOS SOL RISAS PASTITO TONGA PASEO ABRAZO DESPEDIDA TRISTEZA LUNA SMASHING EOY ADOLESCENCIA REGRESIÓN ROCK CALOR APRETUJAMIENTO SALTAR PIN PÉRDIDA CUSCO TRISTEZA PARADA COLECTIVO MENDOCINAS VIAJE TELÉFONO CAMISA SUBTE CASAMIENTO CIVIL TANO EUGE EMOCIÓN ARROZ LIBRETA FESTIVAL MÚSICA MIKA SCISSOR SISTERS HOT CHIP PHOENIX GIRL TALK YESAYER COLOR CALOR HLOGR PROMOTORA ENAMORAMIENTO ENCUESTA SALUDO REICH REGRESO NICO COLECTIVO ESPERA INDEFINIDA DEMORA HORAS CASA AMANECER CANSANCIO MASSIVE ATTACK THIEVERY CORPORATION STEREOPHONICS BIOLAY ESPALDA DOLOR ENCUESTA REINCIDENCIA BELLEZA CORAJE INTENTO FALLIDO GLOBOS POWER OSCURIDAD IVANA FINAL SESENTA CAMINATA CASA CAMA

sábado, 20 de noviembre de 2010

Día 33: El paraíso

25.sep.2010

La satisfacción de amanecer en un lugar privilegiado.


La caminata no fue tan dura como durante los días anteriores, pero en algunos momentos se complicaba porque una pequeña cantidad de agua fluía sobre el mismo camino, haciendo que éste fuese resbaloso. En una de las oportunidades en que nos detuvimos para descansar, los coordinadores de los diferentes grupos empezaron a organizar un partido de fútbol. El simple hecho de ver la pelota hacía muy tentadora la propuesta, pero por otro lado era muy difícil correr a casi tres mil metros de altura, y más teniendo en cuenta todo el desgaste físico previo, y lo que aún faltaba. De todos modos fue un gustito que hubo que darse. Se terminó armando un enfrentamiento entre Perú y el resto del mundo. La selección local estaba integrada por todos los guías más Chris, el escocés de nuestro grupo, y nosotros éramos un italiano, un español y un estadounidense del otro grupo, Max, Fabian, Víctor y yo. El partido se hizo muy difícil, y a los pocos minutos ya no podíamos respirar y el aire no nos alcanzaba. Igualmente hicimos un gran esfuerzo, y le pusimos muchas ganas pese a estar bajo un sol complicado, y terminamos ganando por cuatro a cero, con dos goles de Fabian, uno del español, y el último mío. Cabe destacar la actuación de Max en el arco, que tapó unas cuantas pelotas. Pese a que fueron unos cuantos minutos demoledores, valió la pena, fue muy divertido, conseguimos la victoria y dejamos bien parado a nuestro país, no como un brasilero amargo que no quiso jugar.


A media mañana encontramos un salto de agua. De izquierda a
derecha: Mercedes, Víctor, yo, Frederique, Aurelie, Chris y Wouter.


Después del almuerzo Chris se separó del grupo porque él tenía un vuelo programado y debía haber arrancado el tour un día antes que nosotros, cosa que no pudo por el paro que hubo en Cusco, por lo que debía llegar al Machu Picchu un día antes que el resto. Nosotros fuimos en camión hasta Santa Teresa, que era la ciudad donde teníamos que pasar nuestra tercer noche. Yo personalmente no sabía que era una ciudad, y de hecho creía que una vez que arrancábamos con el tour casi no nos íbamos a encontrar con civilización. Pero evidentemente no era así, y fue una gran sorpresa toparse con una ciudad ahí, tan lejos de todo, con plaza, casas, comercios… De todos modos donde nosotros paramos era un camping que estaba un tanto alejado de todo eso. Del cerro que estaba ahí cercano, bajaba un ruido muy fuerte, como un zumbido, que no sabíamos de dónde provenía, pero que parecía algún tipo de maquinaria. Más tarde nos dimos cuenta lo que generaba ese sonido, y eran simplemente unas chicharras gigantes que andaban por todos lados.


Anna, Mercedes, Frederique, Tero y yo en el camión rumbo a Santa Teresa.

Algunos minutos después y ya entrada la noche, fuimos a un complejo de aguas termales que está ahí cerca de la ciudad. Después de tantos días de caminata y sin poder refrescarnos, fue realmente muy placentero poder meterse en ese piletón de agua tibia, en medio de la oscuridad, relajando todos los músculos del cuerpo y mirando el cielo estrellado. Estar ahí era desconectarse de todo, y se sentía como haber llegado al paraíso después de esas jornadas de tanto esfuerzo. Ahí nos quedamos un rato, sumergidos y con tan sólo nuestras caras fuera del agua mirando hacia el cielo, que se veía iluminado por relámpagos que lo atravesaban. La sensación de paz y bienestar que contagiaba ese momento es inexplicable.

jueves, 18 de noviembre de 2010

No me gustan las despedidas

Y creo que se va a hacer extrañar.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Día 32: 4600 m.s.n.m.

24.sep.2010

Fue una noche muy difícil para poder conciliar el sueño. Al no tener el aislante térmico y mi bolsa de dormir ser muy finita, sentía bajo mi espalda las irregularidades del suelo, con piedras incluidas, y también el frío de la madrugada se hizo notar, dando como resultado una noche en la que me despertaba continuamente con dolores y frío, y después me costaba mucho volver a dormir.


Difícil ascenso con el frío de la mañana.


El segundo día fue muy agotador, con tres horas de caminata hasta el punto más alto de todo el recorrido, que es de 4600 metros sobre el nivel del mar. Una vez alcanzado este pico empezamos a bajar nuevamente, donde se notó un cambio importante en el paisaje, dejando atrás la aridez de las montañas y el suelo, para introducirnos un poco en la selva, ya rodeados de mucho verde, humedad, calor y mosquitos. En un momento, justo cuando paramos para almorzar, empezaron a caer unas cuantas gotas, que luego se transformó en un fuerte granizo que retumbaba bajo el techo de chapa que nos protegía. A lo lejos se veían algunas nubes que pronosticaban un no muy buen clima para la segunda mitad del día, pero de todos modos habría que continuar pase lo que pase, ya que los factores climatológicos son muy cambiantes y hay que adaptarse a ellos. Pero afortunadamente justo en el momento en que teníamos que continuar, el granizo desapareció permaneciendo sólo una leve llovizna que duró apenas unos cuantos minutos más.


El grupo entero en el punto más elevado del recorrido. De izquierda a
derecha, arriba: Frederique, Víctor, yo, Ziv, Anna, Fabian, Chris,
Michael, Aurelie y Arik. Abajo: Steven, Wouter, Max, Jacquie,
Mercedes, Christina, Jaana y Tero.



Después de unas cuantas horas más de caminata llegamos al lugar para pasar la noche, que era bastante más agradable que el anterior, ya que en éste había mucho verde por todos lados, un paisaje mucho más atractivo visualmente, y se escuchaba el correr de un arroyo cercano. Al entrar en una zona de más calor, y por las largas horas de caminata, cuando llegamos al campamento teníamos mucha necesidad de refrescarnos así que nos compramos unas cervezas y nos quedamos en ronda sentados en el pasto, tomando y charlando con Víctor, Mercedes, Frederique, Aurelie, Steven y Wouter.


Dejamos atrás el paisaje árido, y la vegetación
empezó a ser cada vez más abundante.



Mercedes, Frederique, Víctor y yo deleitándonos con unas ricas cervecitas.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Día 31: ¿Y yo dónde duermo?

23.sep.2010

El día arrancó a las tres y media de la mañana para comenzar el tour de cinco días de duración rumbo a Machu Picchu. Pasaron a buscarnos por el hostel y salimos de Cusco en micro. Algunas horas más tarde llegamos a un pueblito donde desayunamos y posteriormente nos dividimos en dos grupos diferentes para empezar con la expedición. En el nuestro somos veinte personas: los dos guías, Henry y Daniel, y dieciocho turistas, donde además de estar Víctor y yo, está Mercedes, también de Argentina, Frederique y Aurelie de Francia, Arik y Ziv de Israel, Wouter y Steven de Bélgica, Max y Jacquie de Australia, al igual que Michael y Christina, Tero y Jaana de Finlandia, Anna de Dinamarca, Fabio de Inglaterra y Chris de Escocia. Antes de arrancar nos presentamos todos como para conocernos un poco. Con el correr de las horas y la caminata, como que se fueron formando subgrupos, y por nuestra parte pegamos más onda con Mercedes, quien vive en Chile desde hace un par de años, y con las chicas francesas, ya que durante el desayuno Frederique se alegró al escuchar que nosotros hablábamos en español, porque parte de la idea de su viaje era practicar el idioma, pero la mayoría de la gente hablaba únicamente en inglés.


El grupo descansando un poco, en una de las primeras paradas.


En el día son muchas horas de caminata en las que vamos charlando y conociéndonos mejor, pero de a momentos las pendientes en la montaña se hacen muy difíciles de subir y extremadamente cansadoras, debido a la altura y al consecuente poco oxígeno, por lo que en estos tramos todo el grupo sigue avanzando en pleno silencio, y sólo se pueden oír los pasos y alguna que otra respiración forzada. Después el camino mejora un poco y volvemos a las charlas, principalmente con Mercedes y Frederique, quien insiste en que le hablemos en español para así mejorar su conocimiento del mismo.


Víctor y yo posando, poco antes de llegar al
destino de la primera jornada de caminata.


Después de todo un día de caminata llegamos al punto donde pasar la noche, que era como una especie de quincho con paredes de arpillera, para proteger un poco del viento a las carpas que fueron armadas en su interior. Al haber estado el paro durante los días anteriores en Cusco, para este tour se acumuló más gente de lo habitual y en consecuencia no alcanzaban las carpas para todos nosotros. Técnicamente cada una estaba asignada a dos personas, y los primeros en llegar al refugio fueron eligiendo sus lugares. Finalmente, después de un rato ya todos tenían sitio para dormir, excepto Víctor y yo. La situación no me preocupó porque sabía que de algún modo se iba a solucionar y no íbamos a dormir al aire libre, aunque sí podía pasar que nuestro destino no fuese el mejor. De todos modos lo tomé con humor, dejamos nuestras cosas a un costado, y nos dispusimos a merendar. En cierto momento lo veo a Henry que estaba como pensativo, por el tema de la carpa que faltaba, y yo le digo como en broma que no tenía ningún problema en compartir la carpa con las dos francesas. No hizo demasiado caso a mis palabras y siguió pensando en el asunto. Pero más tarde llegaron Frederique y Aurelie, que no estaban presentes en el momento de mi comentario a Henry, y ante mi sorpresa él les pregunta si no tenían problema en que yo durmiese con ellas, a lo que ambas respondieron que estaba todo bien, supongo yo que porque durante el día habíamos conversado bastante y había buena onda. Víctor no corrió la misma suerte que yo y se tuvo que ir a dormir con los dos flacos israelíes: Ziv que parece bastante quisquilloso, y Arik, que pese a tener un poco de cara de muerto y amargo, creo que es más buena onda. Después de la cena, cada uno se ubicó en su lugar en las respectivas bolsas de dormir, y una vez apagada la luz comenzó a correr la noche pudiendo dormir solamente de a pequeños intervalos, debido a la incomodidad del suelo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Día 30: El boleto no tan mágico

22.sep.2010

Segundo día del paro y segundo día con pocas cosas para hacer. En las calles había muchas manifestaciones, pero absolutamente diferentes a las que estamos acostumbrados a ver en Buenos Aires. La gente marcha por las calles ordenadamente, sin violencia ni ánimos de generar disturbios, sino simplemente para expresar un reclamo justo. Para aprovechar el día fuimos a un par de museos a los cuales teníamos acceso por haber comprado el boleto general de un city tour, que compramos el día anterior para poder entrar a las ruinas de Saqsaywaman, y que permite el ingreso a varios lugares. Salía unos buenos mangos, pero parecía que era una especie de boleto mágico con el cual podía uno entrar a cualquier lugar de la ciudad. Después quisimos ir a otros museos pero no pudimos ya que sus puertas se mantenían cerradas por el tema del paro, y otros más a los cuales tampoco entramos porque nos exigían el pago de una entrada, ya que el acceso a ellos no estaba incluido en el boleto general. Pero lo más cómico fue cuando nos quisieron cobrar por entrar no a una, sino a dos iglesias. Aparentemente tienen horarios diferenciados para misa y para turismo, pero de todos modos me parece cualquiera que la entrada no sea libre. No quisiera alarmar a nadie, pero me parece que la religión se estaría convirtiendo en un negocio…


En el Museo de Sitio del Qorikancha. Lo que se ve
atrás es el templo, y debajo del pasto estaba el museo.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Vestigio inka

Me levanto, me preparo un café con leche, y veo en la heladera el frasco de awaymanto del inka, una mermelada que traje de Perú, que tiene un sabor rico y desconocido. Unto dos pancitos con este dulce y me preparo para disfrutarlos. Cierro el frasco, y cuando estoy guardándolo nuevamente en la heladera, sosteniéndolo por la tapa, ésta se desprende del recipiente, cayendo al suelo y produciendo una explosión de cristales y dulzura. El frasco estaba prácticamente lleno, pero quedó irrecuperable, con miles de astillas de vidrio en su interior. Poco a poco empiezan a desaparecer los recuerdos del viaje.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Ticket to ride

Paul McCartney confirmó que va a tocar en Buenos Aires. Increíble. Fue parte de la banda más grosa de todos los tiempos, y es un mito viviente; sin duda habrá que ir a verlo.

El día que salen las entradas a la venta me voy hasta el club Defensores de Belgrano, para no tener que pagar el recargo de Ticketek, pero al llegar a la boletería me informan que los lugares que quedaban costaban de $900 para arriba. Es una locura, no puedo pagar tanto, así que con toda la decepción me vuelvo a casa, sabiendo que acababa de esfumarse mi única posibilidad de ver a Paul.

A tan sólo dos días del recital, mi amigo el Dr. Coco se gana un par de entradas en el laburo y que me invita a mí. La felicidad misma. Ya lo había dado por perdido, y aparece una nueva oportunidad.

Llegó el día. Vamos para el estadio y nos ubicamos en un lugar más o menos libre. Zarpado, nunca estuve tan lejos de un escenario en toda mi vida. Paul era un píxel a la distancia, pero Dios bendiga a las pantallas gigantes que son la salvación.

El tipo se pasó tocando, se nota que es groso, y la banda que tiene suena de puta madre. Y además es muy simpático, haciendo bromas todo el tiempo, bailando entre tema y tema, y esas cosas. Para mi el pico del recital fue con la seguidilla Let It Be, Live And Let Die y Hey Jude, con explosiones y fuegos artificiales de por medio, generando una energía increíble.

Resumiendo en una sola palabra: espléntiful.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Día 29: ¿Al tiempo o al polo?

21.sep.2010

Al salir a la calle nos dimos cuenta que no había ni un solo auto en circulación, y muchos locales permanecían cerrados. El motivo es porque hay un paro de cuarenta y ocho horas en Cusco, por desacuerdos con la construcción de una represa que derivaría hacia otro lado el agua de un río que pertenece a la ciudad, o algo por el estilo. Por esto, había movilizaciones en las calles, de distintos grupos que pedían que no les quiten algo tan valioso como el agua.


Las calles de Cusco, llenas de gente manifestandose en forma respetuosa.


Aprovechamos para salir a recorrer, cosa que ayer no pudimos hacer. Llegamos hasta Saqsaywaman que son unas ruinas incas que se encuentras a algunos minutos de caminata desde el centro de la ciudad. Pasamos ahí unas cuantas horas, caminando y conociendo el lugar. Es impresionante ver esas construcciones, hechas con piedras de todos los tamaños y que encajar perfectamente entre sí, a pesar de sus muy diversas formas. Y la luz que queda entre ellas es mínima, e incluso en algunos casos inexistente.

Más tarde seguimos el circuito por las calles de Cusco hasta que se hizo la noche. Visitamos unos cuantos mercados de artesanías y gracias al arte del regateo con compramos un suéter cada uno. Tanto en Perú como en Bolivia hay que acostumbrarse a regatear todos los precios, no por tacaño, sino porque por acá la gente se maneja así, y lo más probable es que el primer precio que te dicen esté absolutamente inflado.


Las ruinas de Saqsaywaman, con sus piedras perfectamente encajadas.


Me sorprendió, aunque no del todo, que tanta gente piense que soy de Israel. Siempre supe que tengo rasgos similares a los de aquella zona asiática, pero es llamativo que tres veces en un mismo día me hayan confundido un israelí. Primero alguien en el hostel; después cuando salimos a caminar, una chica en la calle se me queda mirando, y cuando paso cerca de ella directamente me empieza a hablar en hebreo, hasta ver mi cara de absoluto desconcierto; y por último una guía de las ruinas de Saqsaywaman, que dijo pensar que éramos israelíes, al decirle que veníamos de Argentina.

Pasada la medianoche, y después de haber cenado, me volvió a agarrar hambre, así que salí a la calle en busca de algo para comer. Los puestos callejeros ya no existían a esa hora, y los locales estaban todos cerrados. Encontré un bar abierto, y aunque no tenía nada para comer entré igual, me pedí una cerveza, y el mozo me descolocó completamente al preguntarme si la quería al tiempo o al polo. Le pedí que me explicase cuál era la diferencia, y ahí me dijo que al polo es fría y al tiempo es a temperatura ambiente. Vino bien la aclaración y sobre todo que me preguntara, ya que todas las veces anteriores me sirvieron cerveza caliente, o mejor dicho al tiempo.


Fuente de agua, en la intersección de las avenidas El Sol y Tullumayu.

martes, 9 de noviembre de 2010

Día 28: La magia de Cusco

20.sep.2010

Después de un viaje de seis horas que se fue tornando un tanto insufrible por las repetidas paradas de micro, los vendedores ambulantes con discursos interminables, peor que si estuviésemos en el 60, y lo incómoda que empezó a resultar la butaca con el paso de las horas, llegamos a Cusco. Incluso el viaje me produjo un gran agotamiento visual, ya que para donde uno mirara había infinidad de propagandas políticas tanto en afiches como pintadas en las paredes. Conseguir hospedaje fue un tanto más difícil de lo que pensábamos, pero no por falta de vacantes, sino por los precios con los que nos encontramos. Todavía estamos acostumbrados a otros valores, y nos resistimos a pagar ciertas tarifas que nos parecen exorbitantes, pero Cusco, por lo poco que pudimos recorrer es una ciudad sumamente turística y llena de lugares apuntados exclusivamente a extranjeros. Después de un largo rato de averiguaciones encontramos un hostel a pocas cuadras del centro, que es de lo más económico que vimos, y tiene una onda similar al que estuvimos en Potosí, que nos atrajo por el clima amistoso que se generaba en su interior, y por la facilidad para el intercambio de culturas. Hay mucha gente hospedada acá, y prácticamente todos de menos de treinta años y de habla inglesa. Estamos en una habitación compartida con catorce camas, y cuando entramos para que nos asignen las nuestras, vimos que el interior era prácticamente un caos, por el desorden general provocado por nuestros ahora compañeros de cuarto. Imaginamos que por la noche tal vez iba a ser un tanto difícil dormir, suponiendo que el silencio y la tranquilidad no iban a ser fáciles de hallar. De todos modos eran conjeturas y lo tomamos con humor.


El interior de The Point, el más mejor hostel.


Al salir a dar una vuelta, me encontré con que Cusco es la primer ciudad de nuestro viaje donde venden parches recordatorios. Mi idea al salir de Buenos Aires era la de ir comprando parches en los distintos lugares para pegarlos en la mochila, y así ésta sea testigo de todas las ciudades conocidas. Ya desde Purmamarca comencé a recorrer todos los locales de recuerdos y puestos de artesanías, pero sin éxito. Creí que tal vez iba a tener mejor suerte cuando llegásemos a alguna ciudad más grande, pero tampoco fue así. Fuimos avanzando en el viaje y finalmente nos despedimos de Bolivia sin haber encontrado ni un solo parche. Al llegar a Puno y ver que las cosas no eran diferentes, pero firme con mi idea de querer adornar mi mochila de viaje, decidí fabricarlo yo mismo. Así que compré un pequeño bolsito que tenía un bordado similar a lo que pretendía del parche, le recorté el frente, le cosí los bordes para que no se deshilache, y por fin pude tener mi primer parche listo para pegar en la mochila. Quedó bueno, y un poco me arrepentí de no haber hecho lo mismo en Bolivia, ya que había visto bolsitos similares.


Las calles de Cusco por la noche, un tanto desoladas.


Por la tarde descubrimos que el hostel tiene un patio bastante grande con mesitas y hamacas paraguayas, cosa que no sabíamos al momento de registrarnos, y que da ganas de quedarse tirado ahí al aire libre. Y por la noche, cuando estábamos saliendo en busca de algún lugar para cenar, vimos que también hay una mesa de pool, una de ping pong, un metegol, dardos, todo para ser usado por quien guste y sin costo alguno. Nos colgamos un buen rato jugando, y cuando volvimos después de comer seguimos por unas cuantas horas más. Además en el sector del hostel donde se encuentran todos los juegos funciona también un bar, así que también aprovechamos para tomar alguna que otra cerveza. No éramos lo únicos, y en un momento el ambiente que se formó por las bebidas, los juegos y la buena música era el de una verdadera fiesta. Realmente la pasamos muy bien, conversamos con algunas personas, e hicimos un duelo de pool entre Argentina y Chile.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Día 27: Hacia el Perú

19.sep.2010

Tomamos el micro en Copacabana, y previamente pasando por todos los controles de frontera, entramos a la República del Perú. Es el segundo país al que cruzamos en este viaje, y es la primera vez en mi vida en que estoy en un país no limítrofe a Argentina. A juzgar por el paisaje y las construcciones que vimos desde la ruta, Perú se presenta como una continuidad del terreno boliviano, aunque es un tanto caprichosa esta definición, ya que tan sólo avanzamos algunos kilómetros desde la frontera. Lo único que marca una diferencia en este tramo de viaje son las pintadas políticas en las paredes de las casas, en las que ahora empezaron a abundar los colores rojo y blanco, en lugar del verde, amarillo y rojo que se veían anteriormente.


A tan sólo algunos segundos de cruzar la frontera.


Después de tres horas de viaje llegamos a Puno, nuestro primer destino en el nuevo país. Yo creía que al estar a orillas del lago Titicaca iba a asemejarse muchísimo con Copacabana, pero no. Puno es mucho más grande, y está bien marcada la zona turística, en las inmediaciones a la plaza de armas, y la parte donde se manejan los habitantes locales, más cercana al lago. Al empezar a recorrer las calles y averiguar por hospedajes y lugares para almorzar, nos encontramos con un país que si bien sigue siendo económico para lo que estamos habituados en Buenos Aires, es bastante más caro de lo que nos habíamos acostumbrado a pagar en Bolivia. Aunque también cabe destacar que alejándose de los lugares que apuntan exclusivamente al turista, y metiéndose por las calles más de barrio propiamente dicho, encontramos un menú para cenar que fue lo más barato que pagamos hasta ahora. Consistía en un primer plato de sopa de quinua con verduras, y un segundo plato a elección, que en mi caso fue un medallón de carne picada, acompañado por arroz con vegetales, papa y ensalada de lechuga y tomate. También el menú venía con un vaso de mate, y todo esto por 2,50 soles, que es algo así como $3,70.


La plaza de armas de Puno, con la catedral de fondo.


Algo pintoresco de la ciudad de Puno, es que está lleno de moto taxis y bici taxis, que en ambos casos tienen espacio para dos personas además del conductor.

A diferencia de Copacabana, la parte costera no tiene playa, sino que más bien es tipo puerto, donde están amarrados todos los barcos. El agua también es bastante más oscura, casi marrón, y con muchos juncos que salen de ella, dándole un aspecto general mucho menos atractivo que en la ciudad boliviana.


Las dos grandes bebidas peruanas: Chicha Morada (está hecha a base de
un tipo de maíz) e Inca Kola (que para mí tiene el mismo gusto que esos
chizitos dulces de colores). Muy buenas ambas.


Por la tarde fuimos a visitar las islas flotantes de los Uros, que fue el motivo principal por el que vinimos a Puno. Con media hora de lancha llegamos a la comunidad de los Uros, que consta de cincuenta y ocho islas construidas íntegramente a base de totora, que es una especie de junco que crece en el lago. Cada isla está habitada por un presidente y algunas familias, quienes entre todos fabricaron su isla, primero consiguiendo grandes bloques de raíces de totora y amarrándolos entre sí para formar lo que es la base de la isla. Sobre eso se colocan capas y capas de totora en diferentes sentidos, para mantener la superficie libre de humedad y para evitar que el viento y las mareas les destruyan el suelo. También con totora construyen sus canoas y sus casas, que son muy pequeñas y de un único ambiente. Invitados por una señora, entramos a una de las viviendas, que tenía unas dimensiones aproximadas de dos metros por cuatro, y la dueña me dijo que son tres personas las que viven ahí. Es pintoresco pero a la vez raro ver como tantas familias viven en esas islas flotantes, alejados de tierra firme, y con la sensación de que no necesitan más que lo que tienen.


El presidente de una de las islas, explicándonos
algunos de los detalles de su comunidad.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Día 26: Cuidar la isla

18.sep.2010

Nos levantamos y salimos del cuarto en busca de algo para desayunar, cuando nos intercepta la misma dueña de nuestra habitación y nos dice que si queríamos ella nos preparaba el desayuno, así que aceptamos y nos sentamos en unas mesitas al sol, con vista al lago. Cuando nos trae las cosas, nos pregunta por qué anoche no le compramos la cena a ella, que nos había ofrecido spaghettis en su momento. Casi como teniendo que excusarnos le dijimos que teníamos ganas de comer otra cosa. Y ella nos empezó a decir que seguro que allá arriba habíamos pagado más caro y que encima las porciones deberían ser chicas. No le dimos mucha bola a lo que decía, y asentíamos y respondíamos con sonrisas, como intentando darle fin a esa charla que poco nos interesaba. Parece que hay mucha envidia entre las personas que manejan un mismo rubro, por lo menos en este lado de la isla.


Desayunando en el paraíso isleño.


Mientras estábamos desayunando un señor nos comentó que podíamos ir al Templo del Sol, que se encontraba no muy lejos de ahí, y del cual no teníamos conocimiento. Así que poco después emprendimos una caminata de cerca de una hora hasta el templo, que eran unas ruinas que estaban bastante mejor que las que vimos durante la jornada anterior en la caminata guiada en la parte norte.

Al regresar del Templo del Sol, le compramos el pasaje para volver a Copacabana a un señor llamado Tomas, que ante nuestra pregunta de por qué la lancha de regreso costaba el doble que la de ida a la isla, nos contó que los de Copacabana hacían lo que querían, porque cobran por el traslado y se guardan la plata y listo, pero que son los habitantes de la isla los que se tienen que encargar del cuidado del lugar, del mantenimiento de los muelles, y todo eso cuesta trabajo y plata que tienen que conseguir ellos, y no las agencias de Copacabana. Nos quedamos charlando un rato largo con Tomas, y nos advirtió que tengamos cuidado cuando vayamos a Perú, porque ahí la gente es muy viva e intentan aprovecharse siempre que pueden, por ejemplo tratando de pasar billetes falsos o directamente robando. Eso ya lo veremos mañana cuando crucemos la frontera. Nosotros vamos a estar atentos, como lo estamos cada vez que llegamos a un lugar nuevo y desconocido, aunque también nos habían alertado en forma similar sobre Tupiza, Uyuni y La Paz, y en ningún lado pasó nada.


El Templo del Sol. Cuando te golpeás la cabeza
contra el "marco" de esas puertas, duele bastante.


Mientras esperábamos la lancha se acercó Sara a saludarnos, una chica francesa con quien habíamos cruzado algunas palabras la tarde anterior, pero que estaba bastante apurada por no perder su embarcación. Hoy volvió a la isla junto a un muchacho argentino, ya que parece que ambos decidieron quedarse a trabajar en la isla por algunos días, justamente con Tomas. El argentino, al ver mi mochila me pregunta si yo trabajaba en Probattery, porque él había comprado un cargador de pilas por ahí, en Scalabrini Ortiz… lo que son las vueltas de la vida.


Comiendo salchipapas antes de partir de la Isla del Sol. No quería
dejar de probar esta típica comida, y era nuestro último día en
Bolivia. Las salchipapas básicamente son papas fritas con salchichas
también fritas, todo recubierto por abundante mayonesa,
ketchup y salsa picante. Yo le pedí sin mayonesa.


De regreso en Copacabana compramos algunos soles (la moneda de Perú), como para ya tener algo de plata una vez que crucemos la frontera. Al ver el billete de diez soles que en su frente tiene la imagen de alguien que a juzgar por su apariencia debe haber sido un piloto, y recordar que nosotros en los pesos tenemos a una figura tan cuestionable como Julio Roca, se nos ocurrió que estaría bueno que los billetes no tuviesen que tener obligadamente la imagen de ex presidentes, sino que podrían tener a personas emblemáticas del país, que se hayan destacado también en la ciencia o las artes, como por ejemplo Carlos Gardel, Florencio Molina Campos, René Favaloro, Jorge Luis Borges, Juan Manuel Fangio y José Hernández.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Día 25: Todo comenzó algún tiempo atrás...

17.sep.2010

A la mañana salimos rumbo a la Isla del Sol. Fue una gran sorpresa cuando subimos a la lancha y nos encontramos ahí con Jordi y María, a quienes sinceramente no esperábamos volver a encontrar tan pronto. Ellos llegaron a Copacabana la noche anterior, pero nosotros no sabíamos nada de eso. Así que después de saludarnos afectuosamente y de zarpar, nos sentamos los cuatro en la proa del barco y así nos la pasamos la mayor parte del viaje, entre charlas, risas y también silencios para contemplar el paisaje que se iba abriendo a nuestro alrededor. Después de más o menos dos horas y media navegando llegamos hasta la parte norte de la Isla del Sol. Previamente nos habían comentado que los mejores lugares para hospedarse se encontraban en el sur de la isla, y que también desde allí salían las embarcaciones hacia la Isla de la Luna, por lo cual si nuestra intención era la de pernoctar, nos convenía ir de Copacabana a la parte norte, y desde allí hacer una travesía a pie de tres horas de duración hasta el sur, que es la mejor manera de recorrer la isla.


En la lancha, disfrutando del recorrido con Víctor, María y Jordi.


Jordi y María se quedaron en el norte, ya que tenían un contacto de dónde pasar la noche en ese sector de la isla, y nosotros fuimos a hacer una caminata para conocer algunas ruinas preincaicas que hay por la zona. A eso del mediodía nos sentamos a la sombra de una de esas construcciones para almorzar lo que habíamos comprado antes de partir, y después ya si empezamos la dura caminata bajo el sol del mediodía, por caminos con muchas subidas y bajadas que son agotadoras y te dejan sin aire debido a los cuatro mil metros de altitud.


Un paisaje increíble en la parte norte de la isla.


Por fin llegamos al sur, y conseguimos una habitación bastante modesta donde pasar la noche, pero con una vista increíble al algo. En este momento son las seis de la tarde, todavía es de día, pero de todos modos en un rato más ya vamos a ir a cenar, no tanto porque tengamos hambre, sino porque los pocos restaurantes que hay por acá dejan de trabajar temprano porque no tienen luz eléctrica, así que no tenemos demasiadas alternativas por el momento.


Ruinas preincaicas en el norte de la Isla de Sol.


Fuimos a comer al único lugar que permanecía abierto hasta las ocho de la noche; todos los demás cerraban una hora antes. El lugar estaba unos cuantos metros subiendo por la montaña, por lo que fue imposible llegar sin agitarse. Solamente tenía mesas al aire libre, pero como había mucho viento y estaba fresco, la chica nos ofreció si queríamos comer adentro, pero no en un comedor, sino en una habitación que tiene para alquilar a turistas, que como estaba desocupada, nos permitió entrar y acomodó en su interior una mesita con una vela, por la falta de iluminación. Comimos chicharrón de no se qué pescado que nos recomendó, que estaba bueno pero era muy parecido a los cornalitos, si es que no lo eran. La mujer, muy amable y atenta nos preguntó si necesitábamos alojamiento, a lo que le respondimos que ya teníamos. Dijo como afirmándolo, que seguramente unos chicos nos habían ofrecido alojamiento, que fue exactamente lo que pasó cuando llegamos a la parte sur: dos chicos se nos acercaron ofreciéndonos hospedaje, así que seguimos a uno de ellos, el que nos indicaba la habitación más cercana, y como el precio de la misma no nos pareció malo y estábamos muy cansados, nos quedamos directamente ahí. La mujer nos comentó que esos chicos son unos envidiosos, y que le piden plata para que recomienden su hospedaje, y como ella no les quiso dar, entonces llevan a los huéspedes hacia otro lado. El chico que nos llevó a la habitación también nos pidió una propina por su servicio.


La vista desde la ventana de nuestra habitación, en la parte sur.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Día 24: Las horas en Copacabana

16.sep.2010

La Horca del Inca: un lugar imperdible...


Esta mañana salimos a recorrer Copacabana. Primero fuimos para la Horca del Inca que se encuentra sobre un monte, y la verdad que fue un poco una decepción. Esperábamos algo más que un par de piedras apiladas. Después fuimos para el calvario que está sobre otro monte y además hace las veces de mirador. Nos quedamos un rato ahí, desde donde se tiene una vista increíble, y después nos fuimos a caminar por la costa hasta perder de vista la ciudad. Era muy buena la sensación provocada por el lago, que me hizo recordar mucho a algún lugar de la costa atlántica, tanto por la frescura que venía del agua, como por el sonido del oleaje y una sutil fragancia a playa. Merendamos por ahí algunas cosas que nos habíamos llevado, y al volver para la ciudad nos quedamos charlando un rato con Franco y Eric, un par de flacos mexicanos que vinieron en el mismo micro que nosotros desde La Paz, y más tarde nos encontramos con Tomás, el californiano que miró el partido de Argentina con nosotros en Potosí, y fuimos los tres a cenar a la pizzería de un argentino.


Copacabana desde el mirador del calvario.

jueves, 4 de noviembre de 2010

La entrevista más rara

Martín llegó a la hora pautada al hostel donde iba a tener su entrevista laboral. Si, un hostel. Él no tiene ningún tipo de experiencia en hotelería ni turismo, pero durante el viaje que hizo meses atrás conoció la magia que albergan estos lugares, y comenzó a pensarlo como una alternativa laboral una vez que estuviese de regreso en Buenos Aires. Pedro, un amigo suyo trabaja en uno de estos hostels en pleno centro porteño, así que a través de él pudieron programar la entrevista.

El lugar desde afuera no dice nada (es tan sólo una puerta negra) pero en su interior hay decenas de personas de todas las nacionalidades yendo y viniendo constantemente. Más allá de la recepción se veían colgando del techo banderas de unos cuantos países, lo cual le produjo a Martín muchos recuerdos del hostel en Cusco. En la entrada lo recibió un hombre que le entregó un formulario de solicitud de trabajo que debía completar, así que se acomodó ahí mismo en un sillón, birome en mano. Las primeras preguntas eran simplemente datos personales, pero algunos renglones más abajo debió responder a cuáles eran sus características como persona. Un tanto extraño este ítem, pero también había que tener en cuenta que se estaba ofreciendo para un trabajo completamente fuera de lo común, para lo que estaba acostumbrado. Siguió avanzando con el formulario y aparecieron preguntas sobre si había viajado por el país y también al exterior, y dónde se había hospedado en aquellos lugares. Más adelante llegaron preguntas de cultura general, como por ejemplo a qué país pertenecen la Islas Galápagos, en que año fue la Revolución Cubana, cuál es la capital de Nicaragua, entre otras. Pudo responder bien algunas, pero en otras tuvo que mandar fruta. Si bien Martín ya se había acostumbrado un poco al formulario con preguntas un tanto extrañas, el súmmum fue la última: “Si hay una pelea entre Batman y Optimus Prime, ¿quién crees que gana y por qué?” Definitivamente esto ya escapaba a todo lo medianamente razonable, pero igualmente la respondió, riéndose en su interior.

Minutos más tarde llegó Julieta, la chica que lo iba a entrevistar, y se ubicaron ambos en otro sector del hostel. Comenzaron a charlar, ella preguntándole de dónde conocía a Pedro, qué había estudiado, dónde había trabajado anteriormente, y él respondía a todas sus preguntas. Terminó saliendo el tema del viaje, y al ella preguntar qué fue lo mejor del mismo, Martín comenzó a contarle, pero abruptamente se vio interrumpido por Julieta, quien pidió que se lo cuente, pero hablando en inglés. Pese a que él no es un maestro del idioma, pudo defenderse y terminó la explicación. Incluso ella repreguntó algo en inglés, a lo cual él tuvo que responder, y pudo hacerlo.

Si le preguntás a Martín cómo le fue en la entrevista, no va a saber responderte, porque en definitiva las entrevistas laborales son como los exámenes de la facultad, donde te podés haber sacado un dos o un ocho, pero es imposible saberlo de antemano. Si le preguntás para qué puesto es el trabajo, tampoco lo sabe, al igual que desconoce el horario y el sueldo que tendría. Pero esos terminan siendo detalles accesorios, porque si en una entrevista te preguntan por una pelea entre Batman y Optimus Prime, claramente vale la pena trabajar en ese lugar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Día 23: Perder el micro

15.sep.2010

Como ayer estuvo la fiesta soratense copando las calles no pudimos preguntar nada sobre la salida de buses hacia La Paz, ya que no hay viaje directo hasta Copacabana, y para ir hasta allá teníamos que pasar de nuevo obligadamente por la capital. Antes de desayunar fuimos a averiguar eso, y compramos pasajes para las nueve de la mañana. Para esto eran ya las ocho y media, pero no suponía ningún problema porque nuestro alojamiento estaba a veinte metros del lugar de salida de los buses. Preparamos nuestras cosas, desayunamos en la habitación, y dos minutos antes de las nueve salimos del hostel. Al cruzar la puerta veo un bus saliendo, pero no me preocupé porque todavía no era la hora. Simultáneamente estaba llegando otro vacío, así que me dirijo al chofer y le pregunto si era éste el de las nueve, a lo que me responde que no sabía aún, y que tenía que preguntar en la agencia. Va, y al regresar me dice:
-Este es el de las nueve y media.
-¿Cómo el de las nueve y media? –miro la hora en mi celular que marca las 8:59-. ¿Y el de las nueve?
-Pues ya se debe haber ido.
-¿Cómo se va a ir si todavía no son las nueve?
Entonces entro a la agencia y le pregunto a la chica que nos vendió los pasajes por el bus de las nueve, y me señala ese mismo que estaba estacionado en la puerta. Así que nos dirigimos hasta ahí más tranquilos, ya que posiblemente sea habitual este tipo de demoras, aunque posiblemente no haya sido más que un método de autoconvencimiento, porque más en el fondo no estaba muy tranquilo con la respuesta que me dio la chica de los pasajes. Pusimos nuestras mochilas en el techo y nos acomodamos en nuestros lugares a esperar la partida.


La plaza de Sorata, después de la noche de fiesta.


Todo iba bien hasta que se nos acercan dos muchachos y nos dicen que estábamos en sus lugares, a lo que respondemos que no, que teníamos comprados los asientos número siete y ocho. Sacan su boleto donde efectivamente se veía que tenían nuestros asientos, y nosotros hacemos lo mismo para que viesen que habíamos comprado los mismos números, y que posiblemente haya sido un error de la empresa. Pero entonces uno de los flacos me dice que no, que nosotros teníamos para el bus de las nueve y éste era el de las nueve y media. Cuando todo parecía calmado, otra vez tenía que aparecer la intranquilidad de saber que ese no era nuestro micro. Los flacos con buena onda se acomodaron provisoriamente en otro lugar, yo me quedé guardando los asientos y cuidando las mochilas, y Víctor fue a la agencia para solucionar el malentendido. Al ratito vuelve y me dice que la chica le dijo que este era el bus de las nueve y media y que el nuestro ya se había ido, y entonces ahí fui yo a ver que onda. Ella me dijo que el micro salió puntual como siempre y que nosotros a esa hora no estábamos ahí. Le costó un poco de trabajo entender que no estábamos llegando ahora, sino que desde hacía quince minutos que estábamos esperando sobre la camioneta. Vi en el talonario del bus de las nueve y media, que todavía había lugares sin vender, por lo que le pregunté si no podíamos cambiar nuestro pasaje ya pago por otras dos butacas en el micro próximo a salir, a lo cual me respondió que no, porque la plata de los pasajes se la lleva toda el chofer (cosa que era verdad porque lo vi cuando los fui a comprar), así que el que salió minutos antes de las nueve se llevó nuestra plata, y el conductor del próximo bus no tiene nada que ver. La única forma sería que el chofer decidiese llevarnos por su cuenta. Así que lo fui a encarar, le comenté lo que había pasado, y le pregunté si nos podía llevar haciéndonos el favor, ya que nosotros pagamos los boletos pero el otro se fue antes de tiempo y no tenía plata para volver a comprar otros pasajes. No hizo mucho efecto mi pedido. Me dijo que él no nos podía llevar, que no tenía nada que ver y que necesitaba la plata por los asientos, todo esto mientras me esquivaba con la vista, retrocedía algún paso y buscaba conversación con la chica de la agencia, claramente intentando evitar la situación.

Con bronca, pero viendo que no había otra posible solución y no daba seguir perdiendo tiempo, compramos otros dos boletos para ese bus. La chica me anotó el número de coche en el pasaje inválido, y me dijo que con eso podíamos hacer el reclamo en La Paz, y que ahí nos tendrían que devolver el dinero. Finalmente subimos al bus de las nueve y media, que salió a las 9:36. ¿No era que siempre salían puntuales? Con mucho menos de esos seis minutos no hubiésemos perdido el nuestro, y eso me dio más bronca. De todos modos no era tanta plata, y durante el trayecto me fui mentalizando que en La Paz la situación no iba a cambiar demasiado. Cuando llegamos a destino comento en la agencia lo que nos pasó, pero me dicen que el chofer, que es quien tiene la plata, se había ido hacía un rato a no sabían donde, pero que tenía que volver, así que si yo quería podía quedarme esperándolo o volver más tarde. Le expliqué que no podía, porque ahí mismo me tenía que tomar un micro a Copacabana y ya no iba a volver a La Paz. Ahí buscaron su número de teléfono como para contactarlo, pero justo el de él no estaba registrado. No tenía sentido quedarse esperando posiblemente en vano, así que resignamos esa plata y nos fuimos.

Horas más tarde llegamos a orillas del lago Titicaca. Es realmente muy lindo, por su color azul y su inmensidad. Cruzamos en lancha hasta Pedro de Tiquina, y de ahí continuamos el viaje en micro hasta llegar a Copacabana. Después de conseguir hospedaje, que fue el más barato que conseguimos en todo Bolivia a diferencia de lo que yo pensaba por tratarse de un lugar tan turístico, salimos a dar una vuelta y de casualidad nos encontramos con Christelle, que estaba esperando un micro para irse a Cusco. Seguimos paseando, y pocos minutos después nos encontramos, en la misma calle, con Franco y Paola, la pareja italiana que habíamos conocido en Potosí. Nos quedamos charlando un rato ahí mismo, después se nos sumó Simona, otra italiana compañera de viaje de ellos, y todos juntos fuimos a cenar una rica trucha al limón. Después, ya sin la presencia de Paola que se fue a dormir, fuimos a un bar, y como si estuviese en Buenos Aires me tomé un buen fernet, como para terminar la noche acortando distancias.


En la lancha, cruzando el Titicaca hasta Pedro de Tiquina.