miércoles, 27 de noviembre de 2013

Quizás

Dentro de poco voy a volver a escribir. En realidad es más una expresión de deseo que un plan. Pero sí, tengo que hacerlo. De todos modos no prometo nada, eh.

jueves, 21 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 8 (EL FIN)

Al otro día temprano
hacia Tayrona nos fuimos
en bus, y luego tuvimos
que caminar un buen trecho.
Quedamos medio deshechos
de tanto andar y andar,
pero al llegar al lugar
estuvimos satisfechos.

Fuimos al último camping,
el llamado San Javier,
y no se puede creer
la hermosura que atesora
que es inmensa a toda hora,
tanto con sol como con luna,
y además tiene la suma
de bella fauna y bella flora.

Dos noches en el paraíso,
mejores que en Barú fueron:
los insectos no asistieron
a arruinarnos el momento
y como había algo de viento
el calor no se impuso;
tampoco hizo falta un buzo,
y así nos fuimos durmiendo.

Volvimos a Taganga
para pasar la noche,
y como si fuera el broche
de oro de la vacación,
recibimos invitación
de unas chicas francesas
y venciendo la pereza
nos pusimos en acción.

Mientras Panto dormía
con Coco fuimo' a bailar
a ese tan lindo bar
al que las chicas fueron,
mas al parecer hicieron
caso omiso a nosotros,
porque bailaron con otros,
y tomaron, y rieron.

Y hacia el fin de la noche
ambas se nos acercaron
y allí nos invitaron
a seguir con la velada
yendo hacia la morada
de un flaco lugareño,
y como no había sueño
la invitación fue aceptada.

Hasta la casa de Rafa
un taxi nos llevó,
y allí el nos contó
su presente y su pasado;
parece ser un pesado
que con drogas trabaja,
pero como en la baraja,
el azar allí nos ha llevado.

Ahí había poca gente
haciendo que la "fiesta" fluya,
mas cada uno en la suya.
Ya sin mucho sentido
y habiendo desistido
de la noche y las francesas
nos volvimos a la pieza
con el sabor de lo vivido.

Al otro día partimos
otra vez a Bogotá,
casi de casualidad
porque primero parecía
que vuelos ya no había;
mas luego uno encontramos
así que no nos fumamos
esperar en demasía.

Y estando de regreso
en la ciudad capital
nos fuimos al mismo hostal
de nuestro primer día,
mas como lugar no había
nos tuvieron que llevar
hasta una sucursal
para hallar camas vacías.

Después recibí una visita
más dulce que la miel,
pues vino Isabel
a la noche al hospedaje
ya que antes del fin del viaje
nos teníamos que ver;
y debo reconocer
que a ella en el pecho me traje.

Otro muy lindo encuentro
fue en el último día:
con Manuel y con María
nos volvimos a ver
y fue mucho el placer,
muy grande esa dicha,
y tomamos unas chichas:
algo que debía hacer.

Después de un corto reposo
temprano nos levantamos,
y así nos embarcamos
en nuestra vuelta a casa.
Lo bueno siempre pasa
con mucha velocidad;
así que a preparar
recorrer nuevas plazas!

Fin

martes, 19 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 7

Después nos recomendaron
ir a la isla de Barú
donde pese a que no hay luz
tiene playas muy hermosas.
Así que agarramos las cosas
para ir a ese lugar,
allí la noche pasar
y comer cosas sabrosas.

Igualmente a la isla
fue una odisea llegar:
primero hay que tomar
un colectivo acá mismo
que te lleva hasta el abismo
de un barrio carenciado
y luego sigue el traslado
con más peligros que un sismo.

En esa zona no bella
un barquito nos tomamos
con el cual los tres cruzamos
del río una rama angosta
y al llegar a la otra costa
en moto seguimos viaje
hasta llegar a aquel paisaje
que parece ser la posta.

En la isla de Barú
fuimos hacia Playa Blanca,
una zona algo tranca
y como su nombre lo indica
la arena es muy clarica
y el agua tan turquesa
que te vuelan la cabeza,
pues parecen mentirica.

Todo el día allí pasamos
en ese lugar de ensueño,
mas para la hora del sueño
ya no fue tan placentero.
Como siempre en febrero
el calor está molesto
y nuestro dormir expuesto
a un reposar fulero.

Unas horas más de playa
y a Cartagena volvimos,
pero esta vez lo hicimos
en lancha todo el trayecto,
lo cual resultó perfecto
porque fue con más presura
y además fue una aventura,
así que no hubo defectos.

De regreso a la ciudad
dos días más pasamos
y en ellos nos paseamos
por la ciudad amurallada
que está muy bien cuidada
y lleva tiempo recorrerla.
Vale la pena conocerla,
no es ninguna pavada.

Hacia el pueblo de Taganga
continuó nuestro destino
y no fue un desatino
haber ido hasta allá
porque resulta que está
muy bueno en muchas maneras
y tiene una costanera
que resalta en el lugar.

Una panzada nos dimos
a la hora de la cena:
estuvo más que buena
la cazuela de mariscos,
Panto comió a mordiscos
un pulpo al ajillo,
y el tercer plato, sin brillo:
el de Coco, por arisco.

Él se pidió un arrocito
en un pueblo de pescadores.
Los pescados eran mejores,
mas por alguna dolencia
él hizo la diferencia
pidiendo un plato seguro.
Mejor no hacerse el duro
y luego correr urgencias.

...Continuará

jueves, 14 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 6

De Medellín nos retiramos
con mucha satisfacción
y más tarde en avión
otra vez nos embarcamos.
En un rato aterrizamos
en la ciudad de Cartagena,
casi a la hora de la cena,
y a esa hora almorzamos.

La llegada fue impactante
porque todo lo encontramos
no como lo imaginamos
sino en mucho diferente:
vimos al cruzar un puente
que no hay playa en la ciudad,
y para decir verdad
nos sudó un poco la frente.

En las dos primeras cuadras
la impresión no fue muy buena
pero la esperanza suena
al caminar un poco más;
la ciudad abunda en paz
en esta zona de aquí
llamada Getsemaní,
y no hay que ser muy perspicaz.

Pese a no conocer Cuba,
Cartagena es igual:
una ciudad muy colonial
con casitas de colores;
un gran muro le da bordes
a la ciudad amurallada:
la zona más destacada
para quien luego la aborde.

...Continuará

martes, 12 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 5

Lo peor de la ciudad
es que se llueve bastante,
y quizás soy ignorante
pero yo no lo sabía;
en algún momento 'el día
el tiempo se desmejora
y luego llueve unas horas.
¡Un clima de porquería!

Mientras tanto en el hostal
encontramos gente rica:
de suiza una rubia chica,
una pareja de argentinos
y más tarde conocimos
de Chile un par de hermanos,
y otro flaco, un peruano
medio raro y que hacía ruidos.

Otro día nos volvimos
al centro de Medellín
y esta vez fuimo' al jardín
botánico con ganas.
Vimos unas cuantas iguanas
y algunas mariposas.
Mas lo que fue poca cosa:
Pies Descalzos. No dice nada.

Última noche en esos pagos,
fuimos a cenar alguito
y nos dio mucho apetito
el nombre de un platón:
"Bronto perro doble cañón",
mas luego no lo pedimos
ya que mejor convenimos
en hacer otra elección.

...Continuará