lunes, 2 de marzo de 2015

Tres años

Tres años tomándome fotos diarias. No es nada nuevo, se ha visto ya a mucha gente que lo hizo, y con mejores resultados, pero de todos modos no quise dejar de hacerlo. Requiere cierta constancia, sobre todo al principio. Luego es un hábito más. Nos vemos dentro de dos años.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Seco

Dicen que para inspirarse
y componer una canción,
o al querer escribir cuentos
y encarar la redacción,
se precisa, obviamente,
además de la pasión,
que suceda algo malo,
un desengaño, una traición,
muerte, enojo o recelo,
angustia o desilusión.

Y algo de eso le pasaba
a alguien que escribía cuentos;
quien tenía una existencia
plagada de descontentos,
pero él los aprovechaba
y expresaba sus lamentos
convirtiéndolos en arte,
como se convierte el viento
en tormenta de verano
cuando el calor va en aumento.

En sus ya no pocos años
aprendió a sobrellevar
la rutina que día a día
lo albergaba de pesar,
al punto que ya podía
de algún modo manejar
no su suerte, pero un poco
empezaba a disfrutar
los placeres que las artes
comenzábanle a brindar.

Logró ser un hombre grande,
fuente de admiración
por parte de las personas
que leían su creación.
Mas no estaba satisfecho
pues sentía, y con razón,
un vacío en el pecho
dentro de su corazón,
por no haber hallado a alguien
que aceptara su pasión.

Él sentíase un artista
como supo serlo el Greco,
pero su único disfrute
era justamente el eco
de su alta narrativa.
Mas sentía siempre un hueco,
y creía en su infortunio:
ser de la vida un muñeco
que en el mar de los amores
perfilaba a morir seco.

Mas la suerte quiso un día
terminar su padecer,
transformando su existencia
de la angustia al placer.
Puso así en su camino
a una muy bella mujer
que de un día para el otro
supo hallar y conocer,
y con poco más de tiempo
muy feliz lo supo hacer.

Entre ambos ha existido
profundo y sincero amor
que alegraba tanto en días
como en noches al señor,
pues ella, y sin saberlo,
convirtióse en su motor,
más aún cuando al tiempo
se enteró de lo mejor:
que en ella nacía un niño
y él era el progenitor.

El cambio que hubo en su vida,
de otros años al presente,
fue muy grande, ya que ahora
lo rodeaba esa gente:
su mujer y su hijito.
Mas empezó a ser consciente
que su alegre día a día
alejaba de su mente
las ideas que otrora
de su arte fueran fuente.

Aún así, él recordaba
su antigua frustración;
esa soledad que siempre
le amargaba el corazón.
Y aunque ahora, ya hace rato
no hacía ni una redacción,
prefería que así fuera,
pues colmaba su pasión
con un hijo a quien cuidar
y una mujer en su colchón.

Los años de alegría
llegaron a su final
cuando la mujer se hizo
portadora de un gran mal,
que la fueron apagando
con constancia infernal,
con diabólica paciencia.
Pese al ansia de sanar,
luego de una mala noche
ya no pudo despertar.

Tras la muerte de su amada,
su mundo se vino abajo,
no pudiendo entender
cómo la vida le extrajo
de un tirón esa alegría
que tiempo atrás le trajo.
Hacía todas las mañanas
un descomunal trabajo
por iniciar otro día
y no sentirse un renacuajo.

Pero entendió que la vida
se trata de aprovechar
los momentos más felices,
y de algún modo transformar
las tragedias que a veces
nos pudieran de llegar,
cuando su hijo al observarlo
en un tan hondo pesar,
lo miró y le dijo: "hacete
un poema de ésto, papá".

Pana ©2014

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Oda al Cantinero

Si alguien sabe de dolores
es el hombre tras la barra,
que si un pecho se desgarra
él lo calma con alcoholes.

Es un médico, un amigo,
un oído a la distancia,
quien te da su vino en Francia
y en el frío ofrece abrigo.

La tristeza él acompaña
con un vaso de licor,
un vermú reparador,
aguardiente, ron o caña.

Y no crean las patrañas
que hay en algunas cabezas,
de que un vaso de cerveza
no cura, sino que engaña.

Los licores, bien llamados
bebidas espirituosas,
son el alma valerosa
de quien el vaso ha llenado.

Ese hombre tras la barra
no es un mero cantinero,
sino eterno compañero
tanto en llantos como en farra.

Muchos lo tienen por hombre
sin alma y sin sentimientos:
un expendio de alimentos
carente de edad y nombre.

Pero yo que he conocido
de su tipo a unos cuantos,
digo que son casi santos,
y lo digo con sentido.

Pues cuando otros ahogan penas
en un vaso de licor,
él mastica el mal sabor
de las desgracias ajenas.

Martín Pannari
Septiembre 2014

miércoles, 30 de julio de 2014

Relato de un hombre temeroso

Cuentan que hubo allá un sujeto, 
asumido solitario, 
que pasaba el tiempo a diario 
en variados quehaceres, 
pero sin hallar placeres 
en su mundo ordinario. 

De algún modo él odiaba 
esa vida de rutina 
que punzaba cual espina 
en el medio de su alma, 
despojándolo de calma 
con constancia asesina. 

Así pasaba los días, 
y los meses, y los años, 
refugiado de los daños 
que pudo causarle el mundo, 
alejando así su rumbo 
al de amigos y de extraños. 

Pero él era consciente 
de que algo bien no andaba, 
porque se mortificaba 
al pensar en un futuro 
que siempre veía oscuro 
si su vida no cambiaba. 

Ya lo había intentado 
en su antigua juventud, 
cuando tuvo la inquietud 
de hacer algo diferente, 
pero se chocó de frente 
con su falta de actitud. 

Porque lo paralizaba 
su marcada cobardía, 
y aunque a veces pretendía 
esos miedos superar, 
se quedaba en el lugar 
sin saber por qué lo hacía. 

El tiempo lo fue encerrando 
de a poquito, gradualmente, 
y fue evitando las gentes, 
las posibles compañías, 
convirtiéndose así un día 
en un personaje ausente. 

Sus amigos más cercanos 
son los que se preocuparon: 
muchas veces preguntaron 
por saber qué lo aquejaba, 
pero todo él lo negaba 
y de a poco lo olvidaron. 

Ya nadie se preguntaba 
por la vida del sujeto 
quien por no enfrentar el reto 
de hacer un cambio rotundo 
encontróse sin un rumbo, 
ni una guía, ni un libreto. 

No fue más que un esqueleto, 
un algo de piel y hueso. 
quien gozó menos que un preso; 
porque dicen sólo es vida 
la vida que se es vivida. 
Lo demás es un proceso.

sábado, 14 de junio de 2014

A Santi

Aunque entre nos no había
ningún vínculo de sangre,
pues lo conocí de grande
ya en plena adolescencia,
existió alguna esencia
que cruzó nuestros caminos,
y de un día al otro "primos"
nos empezamos a llamar,
casi como por azar,
y eso es algo que hoy estimo.

Y así como fuimos primos
por nuestra propia elección,
nombro la Confirmación
que ambos hemos compartido,
y que en Miramar (no olvido),
unos diez años atrás
nos encontramos, nomás,
(y es un recuerdo que guardo)
con Germán, Nacho, Ricardo,
Lova, Gandi y Nicolás.

Y aunque en los últimos años
se fue dando una tendencia,
decreciendo la frecuencia
con que nos pudimos ver,
debo de reconocer
que siempre voy a admirar
la fuerza de voluntad
que ponías día a día
para hacer lo que debías
y superar la adversidad.

Porque el dolor prevalece
cuando pasan estas cosas.
Esta vida caprichosa
que a unos da y a otros quita,
y ahora mil gargantas gritan
en un único lamento,
expresando el sufrimiento
por un amigo ahora ausente,
pero que estará por siempre
pese a su ida antes de tiempo.

martes, 10 de diciembre de 2013

El marinero

Al duro navegante,
después de naufragar
causóle miedo el mar
que supo ser su vida,
al punto que temía
volverlo a navegar.

Así dejó las aguas;
en tierra se asentó
y pronto se encontró
tranquilo y muy seguro,
protegido por muros
que él mismo levantó.

Conforme pasó el tiempo
supo vivir la paz
de haber dejado atrás
aquel viejo destino.
La vida de marino
no daba para más.

Pero encontróse un día
muy triste y desdichado;
el tiempo había avanzado
sin nada de emoción.
Su amargo corazón
reclamaba el pasado.

Y así el marinero
ha vuelto a navegar.
Pues vale más el mar,
con miedos y aventuras,
que aguantar la tortura
de ya nada enfrentar.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Quizás

Dentro de poco voy a volver a escribir. En realidad es más una expresión de deseo que un plan. Pero sí, tengo que hacerlo. De todos modos no prometo nada, eh.

jueves, 21 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 8 (EL FIN)

Al otro día temprano
hacia Tayrona nos fuimos
en bus, y luego tuvimos
que caminar un buen trecho.
Quedamos medio deshechos
de tanto andar y andar,
pero al llegar al lugar
estuvimos satisfechos.

Fuimos al último camping,
el llamado San Javier,
y no se puede creer
la hermosura que atesora
que es inmensa a toda hora,
tanto con sol como con luna,
y además tiene la suma
de bella fauna y bella flora.

Dos noches en el paraíso,
mejores que en Barú fueron:
los insectos no asistieron
a arruinarnos el momento
y como había algo de viento
el calor no se impuso;
tampoco hizo falta un buzo,
y así nos fuimos durmiendo.

Volvimos a Taganga
para pasar la noche,
y como si fuera el broche
de oro de la vacación,
recibimos invitación
de unas chicas francesas
y venciendo la pereza
nos pusimos en acción.

Mientras Panto dormía
con Coco fuimo' a bailar
a ese tan lindo bar
al que las chicas fueron,
mas al parecer hicieron
caso omiso a nosotros,
porque bailaron con otros,
y tomaron, y rieron.

Y hacia el fin de la noche
ambas se nos acercaron
y allí nos invitaron
a seguir con la velada
yendo hacia la morada
de un flaco lugareño,
y como no había sueño
la invitación fue aceptada.

Hasta la casa de Rafa
un taxi nos llevó,
y allí el nos contó
su presente y su pasado;
parece ser un pesado
que con drogas trabaja,
pero como en la baraja,
el azar allí nos ha llevado.

Ahí había poca gente
haciendo que la "fiesta" fluya,
mas cada uno en la suya.
Ya sin mucho sentido
y habiendo desistido
de la noche y las francesas
nos volvimos a la pieza
con el sabor de lo vivido.

Al otro día partimos
otra vez a Bogotá,
casi de casualidad
porque primero parecía
que vuelos ya no había;
mas luego uno encontramos
así que no nos fumamos
esperar en demasía.

Y estando de regreso
en la ciudad capital
nos fuimos al mismo hostal
de nuestro primer día,
mas como lugar no había
nos tuvieron que llevar
hasta una sucursal
para hallar camas vacías.

Después recibí una visita
más dulce que la miel,
pues vino Isabel
a la noche al hospedaje
ya que antes del fin del viaje
nos teníamos que ver;
y debo reconocer
que a ella en el pecho me traje.

Otro muy lindo encuentro
fue en el último día:
con Manuel y con María
nos volvimos a ver
y fue mucho el placer,
muy grande esa dicha,
y tomamos unas chichas:
algo que debía hacer.

Después de un corto reposo
temprano nos levantamos,
y así nos embarcamos
en nuestra vuelta a casa.
Lo bueno siempre pasa
con mucha velocidad;
así que a preparar
recorrer nuevas plazas!

Fin

martes, 19 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 7

Después nos recomendaron
ir a la isla de Barú
donde pese a que no hay luz
tiene playas muy hermosas.
Así que agarramos las cosas
para ir a ese lugar,
allí la noche pasar
y comer cosas sabrosas.

Igualmente a la isla
fue una odisea llegar:
primero hay que tomar
un colectivo acá mismo
que te lleva hasta el abismo
de un barrio carenciado
y luego sigue el traslado
con más peligros que un sismo.

En esa zona no bella
un barquito nos tomamos
con el cual los tres cruzamos
del río una rama angosta
y al llegar a la otra costa
en moto seguimos viaje
hasta llegar a aquel paisaje
que parece ser la posta.

En la isla de Barú
fuimos hacia Playa Blanca,
una zona algo tranca
y como su nombre lo indica
la arena es muy clarica
y el agua tan turquesa
que te vuelan la cabeza,
pues parecen mentirica.

Todo el día allí pasamos
en ese lugar de ensueño,
mas para la hora del sueño
ya no fue tan placentero.
Como siempre en febrero
el calor está molesto
y nuestro dormir expuesto
a un reposar fulero.

Unas horas más de playa
y a Cartagena volvimos,
pero esta vez lo hicimos
en lancha todo el trayecto,
lo cual resultó perfecto
porque fue con más presura
y además fue una aventura,
así que no hubo defectos.

De regreso a la ciudad
dos días más pasamos
y en ellos nos paseamos
por la ciudad amurallada
que está muy bien cuidada
y lleva tiempo recorrerla.
Vale la pena conocerla,
no es ninguna pavada.

Hacia el pueblo de Taganga
continuó nuestro destino
y no fue un desatino
haber ido hasta allá
porque resulta que está
muy bueno en muchas maneras
y tiene una costanera
que resalta en el lugar.

Una panzada nos dimos
a la hora de la cena:
estuvo más que buena
la cazuela de mariscos,
Panto comió a mordiscos
un pulpo al ajillo,
y el tercer plato, sin brillo:
el de Coco, por arisco.

Él se pidió un arrocito
en un pueblo de pescadores.
Los pescados eran mejores,
mas por alguna dolencia
él hizo la diferencia
pidiendo un plato seguro.
Mejor no hacerse el duro
y luego correr urgencias.

...Continuará

jueves, 14 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 6

De Medellín nos retiramos
con mucha satisfacción
y más tarde en avión
otra vez nos embarcamos.
En un rato aterrizamos
en la ciudad de Cartagena,
casi a la hora de la cena,
y a esa hora almorzamos.

La llegada fue impactante
porque todo lo encontramos
no como lo imaginamos
sino en mucho diferente:
vimos al cruzar un puente
que no hay playa en la ciudad,
y para decir verdad
nos sudó un poco la frente.

En las dos primeras cuadras
la impresión no fue muy buena
pero la esperanza suena
al caminar un poco más;
la ciudad abunda en paz
en esta zona de aquí
llamada Getsemaní,
y no hay que ser muy perspicaz.

Pese a no conocer Cuba,
Cartagena es igual:
una ciudad muy colonial
con casitas de colores;
un gran muro le da bordes
a la ciudad amurallada:
la zona más destacada
para quien luego la aborde.

...Continuará

martes, 12 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 5

Lo peor de la ciudad
es que se llueve bastante,
y quizás soy ignorante
pero yo no lo sabía;
en algún momento 'el día
el tiempo se desmejora
y luego llueve unas horas.
¡Un clima de porquería!

Mientras tanto en el hostal
encontramos gente rica:
de suiza una rubia chica,
una pareja de argentinos
y más tarde conocimos
de Chile un par de hermanos,
y otro flaco, un peruano
medio raro y que hacía ruidos.

Otro día nos volvimos
al centro de Medellín
y esta vez fuimo' al jardín
botánico con ganas.
Vimos unas cuantas iguanas
y algunas mariposas.
Mas lo que fue poca cosa:
Pies Descalzos. No dice nada.

Última noche en esos pagos,
fuimos a cenar alguito
y nos dio mucho apetito
el nombre de un platón:
"Bronto perro doble cañón",
mas luego no lo pedimos
ya que mejor convenimos
en hacer otra elección.

...Continuará 

lunes, 11 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 4

Bien temprano a la mañana
a Medellín arribamos,
luego el metro nos tomamos
a la llamada Zona Rosa:
una parte muy hermosa
de esta ciudad colombiana;
opinión quizás temprana,
mas no hace cambiar la cosa.

Recorrimos esta zona
destinada al turismo,
y aunque no sea lo mismo
guarda cierto parecido
con Palermo, y coincido
con Coco en que esto es más lindo;
ante esta ciudad me rindo
y se lo tiene merecido.

El metro otra vez tomamos
para el centro conocer.
Nos empezamos a mover
y por las calles caminamos
hasta que luego encontramos
la placita de Botero,
un lugar un tanto austero
donde fotos nos sacamos.

Continuamos caminando
por las calles del lugar.
La intención era llegar
hasta el jardín botánico,
pero casi entramos en pánico
cuando comezó a llover,
así que empezamos a volver
hacia nuestro hostel mágico.

...Continuará 

sábado, 9 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 3

Recorriendo Bogotá
con la plena luz del día
la ciudad me parecía
similar a Potosí.
Y no lo digo porque sí
o por mera comparación,
sino que tengo razón
en haberlo visto así.

Con las calles muy angostas,
con subidas pronunciadas
y fachadas decoradas
con pinturas de colores,
el aspecto es como los de
aquellos pagos potosinos
que con Víctor recorrimos
en aquellos años nobles.

Caminamos ciertas cuadras
y después de un tiempo andar
fuimos en funicular
hasta un cerro elevado,
mas como estaba nublado
no había una vista buena,
por lo que ha sido una pena
que no estuviese soleado.

Comimos unas arepas
y tomamos unos tintos;
pero el término es distinto
al usado por argentinos,
ya que el tinto no es un vino
sino un negro cafecito,
que tomamos despacito
planeando nuestro destino.

Con pasaje a Medellín
fuimos a la terminal.
La idea no estaba mal,
de viajar toda la noche
para aprovechar el coche;
ahorrarnos el hospedaje
y así dormir en el viaje
para evitar el derroche.

Pero pese a que el micro
poseía calidad,
presentó incomodidad
a la hora de dormir;
casi no pude concebir
el sueño, y el conductor
manejando era el peor,
exponiéndonos a morir.

...Continuará

viernes, 8 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 2

Para hacer combinación
de San Pablo a Bogotá
nos tuvimos que quedar
cinco horas haciendo tiempo
en el mismo aeropuerto,
intentando descansar.

Mas tuvimos mala suerte
al querer algo dormir,
porque tengo que decir
los asientos eran duros,
casi tanto como muros,
así que hubimos de desistir.

Otra vez sobre la nave,
hacia Bogotá volamos.
Poco tiempo descansamos
y hubo muchas turbulencias,
pero suma a la experiencia;
y más tarde aterrizamos.

Bogotá nos recibió
con su noche de verano:
lluvia y fresco de antemano.
Y con ayuda de un policía
y del taxista que conducía
un hospedaje encontramos.

Una vez acomodados,
un paseo fuimos a dar
con intenciones de cenar;
y unas cuadras adelante
encontramos un restaurante
que se parecía a un bar.

Esperando la comida
nos pedimos unas frescas,
cuando un paisa de acerca
con confianza en demasía,
a ofrecer artesanías,
así, medio a la pesca.

Retorciendo un par de alambres
se sentó a nuestra mesa,
nos mangueó una cerveza
con muy poca cortesía,
y hasta vino un policía
para echarlo con certeza.

De regreso al hospedaje
y yendo en contra a la pereza
jugamos al tenis de mesa
para divertirnos un rato.
Nos sacamos los zapatos
y la primer noche fue esa.

...Continuará.

jueves, 7 de febrero de 2013

Vacaciones colombianas, parte 1

Comenzamos las vacaciones
y a Ezeiza hemos llegado
muy temprano, y relajados
como guiados por el viento,
pa' que no nos falte el tiempo
y así evitar altercados.

Cinco y media embarcamos
en un vuelo con escalas.
Nos tocó detrás de un ala,
que nos dio buena visión.
Luego despegó el avión
acelerando como bala.

El despegue fue por sobre
una Buenos Aires oscura;
imagen de gran hermosura.
Y también pudimos ver
desde el cielo, amanecer,
mientras ganamos altura.

Después de un vuelo no largo
aterrizamos en San Pablo,
y como portugués no hablo,
Coco nos pidió el almuerzo,
no sin un poco de esfuerzo
ya que está algo oxidado.

... Continuará

viernes, 18 de enero de 2013

Poesía de viernes


Al fin de una semana
más larga que ninguna,
de una suerte perruna
la cual me ha disgustado,
y habiendo terminado
el horario laboral
pensamo' en albergar
algo 'e risa en el pecho,
y huyendo de aquel techo
que suele sofocar,
buscamos algún bar
que no esté alejado
pensando en el estado,
el cansancio que llevamos;
y así lo encontramos
después de unos minutos,
lugar no diminuto
y que mucho no tentaba,
pero con la manada
deseábamos llegar
pa' podernos sentar
a una buena mesa,
pedir varias cervezas,
tomarlas y charlar.

En principio nuestra idea,
al ir buscando un bar
era la de encontrar
alguno que tuviera
mesita en la vereda:
sentarse al aire libre
donde el cielo es visible
y la brisa es compañía.
Pero fue que aquel día
por lo lindo que era
las mesas de afuera
estaban ocupadas
y la gente abarrotada
durante viarias cuadras.
Y cual perro que ladra
más de uno señaló
que un cuarto de hora pasó
sin poder encontrar
aquel anhelado bar
que habíamos imaginado;
más tiempo que el pasado
no quisimos ya perder,
y para evitar volver
fuimos al menos deseado.

Y así nos la pasamos
durante un rato largo,
y aunque parezca amargo
por lo que viá decir
me vulevo a arrepentir
de aquel Porto Pirata;
y pese a que horas gratas
pasamo' en compañía,
lo cierto es que había
un clima depresivo,
olores repulsivos,
y música de antaño
sin olvidar que el baño
dejaba que desear.
Más lo peor del bar,
por lo cual no volvería
y que obviarlo no podría,
es la muy mala cerveza
que da dolor de cabeza
a la mañana siguiente.
Y no existe un aliciente
para que volver querramos.
La Cigale: reservanos
nuestra mesa, la de siempre!

(Inspirada en el after office del viernes 11 de enero)

jueves, 20 de diciembre de 2012

BBOOK BOOK BOOK

Estuve editando este videito. Es de la producción fotográfica del book de Lu Calo, que hicieron los pibes de Unno. Saludos a todos los que me conocen.



miércoles, 31 de octubre de 2012

Premonición

Soñé que me levantaba para ir al trabajo (mis sueños ya no tienen acción ni nada que se le parezca). Estaba con el tiempo justo, como suelo hacer, y en eso, poco antes de salir de casa, encuentro en el celular un mensaje que me había dejado mi hermano, que decía que no había servicio de trenes. Fue como un "uh, ¿y ahora qué hago?" Tenía que ir en colectivo, lo cual era más tedioso y me iba a demandar más tiempo de viaje, por lo que llegaría tarde. Con esa angustia a cuestas me desperté. Todavía era de noche, y experimenté un alivio al darme cuenta que simplemente había sido un sueño. Como era temprano, volví a acomodarme en la cama y continué durmiendo. Horas más tarde me levanto para ir a trabajar, y todavía me duraba la sensación de alivio por el hecho de que la suspensión de los trenes no era real. Luego de ir al baño, voy a prepararme el desayuno, y encuentro en la cocina una nota que decía que no había servicio de trenes. Todo se hizo real.

viernes, 26 de octubre de 2012

martes, 23 de octubre de 2012

Obsesión y positividad

Es una relación rara la que tengo con Suede. La primera vez que escuché a la banda fue por los años 2002/2003, cuando un tema de ellos (Obsessions) sonaba mucho en la radio que yo escuchaba. Es una canción que me gustó mucho ya desde esa época, y aún hoy me genera algo internamente al oírlo, como una extraña mezcla de placer y melancolía. Por aquel entonces, además de Obsessions, sonaba otra canción llamada Positivity, que no me provoca lo mismo, pero que de todos modos me gusta mucho. Así conocí a la banda, y por algún motivo que no sabría precisar, nunca escuché otra canción de ellos. Desde aquel entonces hasta principios de este año, para mí Suede eran estas dos únicas canciones. Entrado el 2012 fue que me di cuenta de esto, y decidí bajarme un disco entero; era poco probable que teniendo esas dos grandes canciones, el álbum fuera una decepción. Y no lo fue: A New Morning me pareció un gran disco, y no entendí por qué durante tanto tiempo estuvo fuera de mis discos.

Hace cosa de un par de meses, me enteré que Suede iba a dar un show en Buenos Aires, lo cual fue una verdadera sorpresa. Me interesaba ir, pero la entrada era bastante cara ($390), lo cual hizo que medite bastante sobre el tema, más que nada siendo que no era una banda que “me acompañó”, sino más bien que dos de sus canciones lo hicieron. Pero no sé si apenas un par de canciones son suficientes para que valga la pena pagar una entrada tan elevada. Así que me decidí a escuchar otros discos más de la banda, para ahí sacar un veredicto, y determinar qué hacer. Al hacerlo tuve un pantallazo más general de Suede, y la verdad que todos sus discos me parecieron muy bien logrados, por lo que sin pensarlo demasiado para evitar arrepentimientos, me compré la entrada para el recital, que se llevó a cabo en la noche de ayer en el Teatro Vorterix.

Dicho sea de paso, es un gran lugar para ver bandas, y si bien el sonido no es el mejor del universo, es bastante aceptable, y el tamaño del teatro hace que se vea realmente muy bien desde cualquier lugar, lo cual ayuda bastante al disfrute del evento. Salió Suede al escenario, tocando una avalancha de canciones, sin mucha puesta en escena, pero la música era tan contundente que no eran necesarios otros elementos visuales. Tocaron unas cuantas canciones, algunas más tranquilas, otras con un público que agitaba bastante (yo no; yo estaba muy tranquilo), y empezaba lentamente a crecer mi ansiedad por escuchar alguna de esas dos canciones que yo quería escuchar. Llegaron a la pausa previa a los bises, y sabiendo que al volver a salir al escenario irían a tocar a lo sumo cuatro canciones más, ya me contentaba con que tocasen aunque sea Positivity. En realidad más que nada quería escuchar Obsessions. Volvió a aparecer la banda; tocaron una, dos, tres canciones… La tercera ya me dio mala espina, porque era una que no recuerdo el nombre, pero que cerraba uno de sus discos. Casi terminando la canción, la voz al micrófono empezó a saludar al público, y a agradecer. Dejó de sonar el último acorde, los músicos saludaron y se fueron del escenario. ¿Harán dos bises? Es lo que pasó por mi cabeza, pero era realmente poco probable. Empezó a escucharse música funcional, y la gente empezó a irse. Una sensación de decepción empezó a gestarse dentro de mí. No podía creer que no hayan tocado ninguna de las dos canciones que yo quería, que yo necesitaba escuchar. Alguien de por ahí dijo “por ahí vuelven a salir; todavía ni apagaron los equipos”. Quise aferrarme a esa idea, pero sabiendo que no iba a suceder. Los plomos ya estaban desarmando todo, y habían encendido las luces. Salí a la calle con un sabor amargo, porque el show fue realmente muy bueno, pero a mi parecer les faltó ese toque final. Me quedó esa sensación casi angustiante, como un coitus interruptus. A tal punto que me fui caminando 20 cuadras con una lluvia torrencial, sin importarme.