miércoles, 24 de septiembre de 2014

Oda al Cantinero

Si alguien sabe de dolores
es el hombre tras la barra,
que si un pecho se desgarra
él lo calma con alcoholes.

Es un médico, un amigo,
un oído a la distancia,
quien te da su vino en Francia
y en el frío ofrece abrigo.

La tristeza él acompaña
con un vaso de licor,
un vermú reparador,
aguardiente, ron o caña.

Y no crean las patrañas
que hay en algunas cabezas,
de que un vaso de cerveza
no cura, sino que engaña.

Los licores, bien llamados
bebidas espirituosas,
son el alma valerosa
de quien el vaso ha llenado.

Ese hombre tras la barra
no es un mero cantinero,
sino eterno compañero
tanto en llantos como en farra.

Muchos lo tienen por hombre
sin alma y sin sentimientos:
un expendio de alimentos
carente de edad y nombre.

Pero yo que he conocido
de su tipo a unos cuantos,
digo que son casi santos,
y lo digo con sentido.

Pues cuando otros ahogan penas
en un vaso de licor,
él mastica el mal sabor
de las desgracias ajenas.

Martín Pannari
Septiembre 2014

miércoles, 30 de julio de 2014

Relato de un hombre temeroso

Cuentan que hubo allá un sujeto, 
asumido solitario, 
que pasaba el tiempo a diario 
en variados quehaceres, 
pero sin hallar placeres 
en su mundo ordinario. 

De algún modo él odiaba 
esa vida de rutina 
que punzaba cual espina 
en el medio de su alma, 
despojándolo de calma 
con constancia asesina. 

Así pasaba los días, 
y los meses, y los años, 
refugiado de los daños 
que pudo causarle el mundo, 
alejando así su rumbo 
al de amigos y de extraños. 

Pero él era consciente 
de que algo bien no andaba, 
porque se mortificaba 
al pensar en un futuro 
que siempre veía oscuro 
si su vida no cambiaba. 

Ya lo había intentado 
en su antigua juventud, 
cuando tuvo la inquietud 
de hacer algo diferente, 
pero se chocó de frente 
con su falta de actitud. 

Porque lo paralizaba 
su marcada cobardía, 
y aunque a veces pretendía 
esos miedos superar, 
se quedaba en el lugar 
sin saber por qué lo hacía. 

El tiempo lo fue encerrando 
de a poquito, gradualmente, 
y fue evitando las gentes, 
las posibles compañías, 
convirtiéndose así un día 
en un personaje ausente. 

Sus amigos más cercanos 
son los que se preocuparon: 
muchas veces preguntaron 
por saber qué lo aquejaba, 
pero todo él lo negaba 
y de a poco lo olvidaron. 

Ya nadie se preguntaba 
por la vida del sujeto 
quien por no enfrentar el reto 
de hacer un cambio rotundo 
encontróse sin un rumbo, 
ni una guía, ni un libreto. 

No fue más que un esqueleto, 
un algo de piel y hueso. 
quien gozó menos que un preso; 
porque dicen sólo es vida 
la vida que se es vivida. 
Lo demás es un proceso.

sábado, 14 de junio de 2014

A Santi

Aunque entre nos no había
ningún vínculo de sangre,
pues lo conocí de grande
ya en plena adolescencia,
existió alguna esencia
que cruzó nuestros caminos,
y de un día al otro "primos"
nos empezamos a llamar,
casi como por azar,
y eso es algo que hoy estimo.

Y así como fuimos primos
por nuestra propia elección,
nombro la Confirmación
que ambos hemos compartido,
y que en Miramar (no olvido),
unos diez años atrás
nos encontramos, nomás,
(y es un recuerdo que guardo)
con Germán, Nacho, Ricardo,
Lova, Gandi y Nicolás.

Y aunque en los últimos años
se fue dando una tendencia,
decreciendo la frecuencia
con que nos pudimos ver,
debo de reconocer
que siempre voy a admirar
la fuerza de voluntad
que ponías día a día
para hacer lo que debías
y superar la adversidad.

Porque el dolor prevalece
cuando pasan estas cosas.
Esta vida caprichosa
que a unos da y a otros quita,
y ahora mil gargantas gritan
en un único lamento,
expresando el sufrimiento
por un amigo ahora ausente,
pero que estará por siempre
pese a su ida antes de tiempo.

martes, 10 de diciembre de 2013

El marinero

Al duro navegante,
después de naufragar
causóle miedo el mar
que supo ser su vida,
al punto que temía
volverlo a navegar.

Así dejó las aguas;
en tierra se asentó
y pronto se encontró
tranquilo y muy seguro,
protegido por muros
que él mismo levantó.

Conforme pasó el tiempo
supo vivir la paz
de haber dejado atrás
aquel viejo destino.
La vida de marino
no daba para más.

Pero encontróse un día
muy triste y desdichado;
el tiempo había avanzado
sin nada de emoción.
Su amargo corazón
reclamaba el pasado.

Y así el marinero
ha vuelto a navegar.
Pues vale más el mar,
con miedos y aventuras,
que aguantar la tortura
de ya nada enfrentar.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Quizás

Dentro de poco voy a volver a escribir. En realidad es más una expresión de deseo que un plan. Pero sí, tengo que hacerlo. De todos modos no prometo nada, eh.