lunes, 23 de abril de 2012
jueves, 16 de febrero de 2012
Algo así
Llegué hasta su casa. No se bien por qué lo hice. Quizás estaba de paso por la zona y decidí pegar un vistazo por la puerta de la casa a la que tantas veces había ido; tal vez un costado masoquista me llevó hasta allá, o hasta existe la posibilidad de que haya ido como un mero espectador a acompañar a un amigo que decidió llevarla hasta su casa. Recuerdo estar parado en la vereda, el sol estaba en lo alto del cielo, y me animaría a decir que era un día domingo. Lo que sí, la fachada de la casa era muy diferente a los recuerdos que tenía. El frente era mucho más ancho que un lote común, y la puerta de entrada estaba en el extremo derecho. La edificación se prolongaba hacia la parte trasera del terreno, y luego parecía continuar por el fondo. Pero a su vez era como que la construcción seguía por la medianera de la izquierda, dándole una forma de herradura a la misma, y terminaba en su cuarto, que tenía ventana a la calle. Sin embargo todo eso lo vi en apenas un pantallazo, pero lo que más recuerdo era que prácticamente todo el frente de la casa poseía un tejido muy levemente cubierto por plantas, por lo que se podía ver para adentro sin mayor dificultad. Lo que se veía era el patio, que era todo delantero, por la forma que tenía la edificación. Era una gran superficie de césped muy prolijo, y había como una especie de quincho en el fondo. Deduje que era domingo, porque había una reunión familiar, y todos estaban ahí, compartiendo la tarde en ese parque. Yo permanecía solo en la vereda, mirando esa escena mientras me cuidaba de no ser descubierto. Sentía un malestar interno por estar ahí, viendo la felicidad de una familia ajena, de la cual en cierto modo formé parte en el pasado pero ahora ya no me pertenecía; pero no podía moverme de esa posición, sentía la necesidad de ver, y como cierta atracción por ese espectáculo. Estuve un buen rato, como un espía novato, y en algún momento se hizo de noche y me fui solo caminando por la calle.
viernes, 30 de diciembre de 2011
jueves, 29 de diciembre de 2011
Lista de pendientes
Estas son algunas cosas que debería volver a hacer próximamente:
▪ Escribir algún cuento
▪ Editar algún video de los que tengo pensados
▪ Hacer un dibujo con acuarelas
▪ Componer una canción
▪ Hacer una estatuita con alambres
Vamos a ver cuántos meses me lleva hacer todo.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Dios y los malhechores
Anoche, después de salir del trabajo, estaba yendo a tomar el tren como hago habitualmente. Debían ser casi las diez de la noche. Por lo general en el semáforo previo a la plaza que está frente a la terminal de Retiro se acumula gente para cruzar, pero en esta oportunidad estaba yo solo. Y cuando ya estaba casi a mitad de la plaza, veo que algunos metros delante mío había un ñato que me estaba mirando, y que iba caminando, pero sin ninguna prisa, como quien no tiene un destino determinado. Unos pasos más tarde, el flaco estaba en medio del camino por el cual yo iba a pasar, y me dio mala espina. En ese momento me acordé de algo que me había dicho un amigo hace muchos años, cuando todavía estábamos en la escuela primaria. Él me había dicho que en las situaciones donde uno iba por la calle y se veía amenazado por posibles ladrones, había que decir (y no recuerdo si repetir varias veces) la frase “Dios adelante y los malhechores atrás”. En su momento había adoptado este mecanismo, y lo usé infinidad de veces.
Ayer, estando en esa situación, instantáneamente me acordé de esa frase, pero no la dije. Pensé que era al pedo, ya que no estoy muy afiliado a las tropas del Señor últimamente. Yo seguía avanzando por la plaza, y el chabón estaba ahí, como esperándome. Todavía había algunos metros que nos separaban, y el flaco me pregunta si no tengo una moneda para darle. Le respondo que disculpe, pero que no tengo. Él insiste, y ahí veo que más alejado había un segundo muchacho, que apuraba el paso para llegar a donde estaba yo. Ahí se me frunció el upite y pensé “listo, acá me la dan”. El nuevo sujeto también me pidió una moneda, un billete de dos pesos, a lo cual me volví a negar, pero intentando mantener la calma. Claramente cualquiera de los 2 podía tener una navaja (en el mejor de los casos) a lo cual no podía ofrecer mucha resistencia. Incluso sin nada, si se ponían densos, eran dos contra uno, y no podía hacer nada. Yo ya me había detenido, y estábamos los tres parados. Me volvieron a insistir, y les dije que disculpen, que acababa de salir del laburo y que no tenía nada. El segundo flaco me hizo un scanner con la mirada, y dijo “bueno”, y se fueron. Creo que se dieron cuenta que no tengo cosas de valor.
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