jueves, 18 de noviembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Día 32: 4600 m.s.n.m.
24.sep.2010
Fue una noche muy difícil para poder conciliar el sueño. Al no tener el aislante térmico y mi bolsa de dormir ser muy finita, sentía bajo mi espalda las irregularidades del suelo, con piedras incluidas, y también el frío de la madrugada se hizo notar, dando como resultado una noche en la que me despertaba continuamente con dolores y frío, y después me costaba mucho volver a dormir.
El segundo día fue muy agotador, con tres horas de caminata hasta el punto más alto de todo el recorrido, que es de 4600 metros sobre el nivel del mar. Una vez alcanzado este pico empezamos a bajar nuevamente, donde se notó un cambio importante en el paisaje, dejando atrás la aridez de las montañas y el suelo, para introducirnos un poco en la selva, ya rodeados de mucho verde, humedad, calor y mosquitos. En un momento, justo cuando paramos para almorzar, empezaron a caer unas cuantas gotas, que luego se transformó en un fuerte granizo que retumbaba bajo el techo de chapa que nos protegía. A lo lejos se veían algunas nubes que pronosticaban un no muy buen clima para la segunda mitad del día, pero de todos modos habría que continuar pase lo que pase, ya que los factores climatológicos son muy cambiantes y hay que adaptarse a ellos. Pero afortunadamente justo en el momento en que teníamos que continuar, el granizo desapareció permaneciendo sólo una leve llovizna que duró apenas unos cuantos minutos más.
El grupo entero en el punto más elevado del recorrido. De izquierda aderecha, arriba: Frederique, Víctor, yo, Ziv, Anna, Fabian, Chris,
Michael, Aurelie y Arik. Abajo: Steven, Wouter, Max, Jacquie,
Mercedes, Christina, Jaana y Tero.
Después de unas cuantas horas más de caminata llegamos al lugar para pasar la noche, que era bastante más agradable que el anterior, ya que en éste había mucho verde por todos lados, un paisaje mucho más atractivo visualmente, y se escuchaba el correr de un arroyo cercano. Al entrar en una zona de más calor, y por las largas horas de caminata, cuando llegamos al campamento teníamos mucha necesidad de refrescarnos así que nos compramos unas cervezas y nos quedamos en ronda sentados en el pasto, tomando y charlando con Víctor, Mercedes, Frederique, Aurelie, Steven y Wouter.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Día 31: ¿Y yo dónde duermo?
23.sep.2010
El día arrancó a las tres y media de la mañana para comenzar el tour de cinco días de duración rumbo a Machu Picchu. Pasaron a buscarnos por el hostel y salimos de Cusco en micro. Algunas horas más tarde llegamos a un pueblito donde desayunamos y posteriormente nos dividimos en dos grupos diferentes para empezar con la expedición. En el nuestro somos veinte personas: los dos guías, Henry y Daniel, y dieciocho turistas, donde además de estar Víctor y yo, está Mercedes, también de Argentina, Frederique y Aurelie de Francia, Arik y Ziv de Israel, Wouter y Steven de Bélgica, Max y Jacquie de Australia, al igual que Michael y Christina, Tero y Jaana de Finlandia, Anna de Dinamarca, Fabio de Inglaterra y Chris de Escocia. Antes de arrancar nos presentamos todos como para conocernos un poco. Con el correr de las horas y la caminata, como que se fueron formando subgrupos, y por nuestra parte pegamos más onda con Mercedes, quien vive en Chile desde hace un par de años, y con las chicas francesas, ya que durante el desayuno Frederique se alegró al escuchar que nosotros hablábamos en español, porque parte de la idea de su viaje era practicar el idioma, pero la mayoría de la gente hablaba únicamente en inglés.
En el día son muchas horas de caminata en las que vamos charlando y conociéndonos mejor, pero de a momentos las pendientes en la montaña se hacen muy difíciles de subir y extremadamente cansadoras, debido a la altura y al consecuente poco oxígeno, por lo que en estos tramos todo el grupo sigue avanzando en pleno silencio, y sólo se pueden oír los pasos y alguna que otra respiración forzada. Después el camino mejora un poco y volvemos a las charlas, principalmente con Mercedes y Frederique, quien insiste en que le hablemos en español para así mejorar su conocimiento del mismo.
Después de todo un día de caminata llegamos al punto donde pasar la noche, que era como una especie de quincho con paredes de arpillera, para proteger un poco del viento a las carpas que fueron armadas en su interior. Al haber estado el paro durante los días anteriores en Cusco, para este tour se acumuló más gente de lo habitual y en consecuencia no alcanzaban las carpas para todos nosotros. Técnicamente cada una estaba asignada a dos personas, y los primeros en llegar al refugio fueron eligiendo sus lugares. Finalmente, después de un rato ya todos tenían sitio para dormir, excepto Víctor y yo. La situación no me preocupó porque sabía que de algún modo se iba a solucionar y no íbamos a dormir al aire libre, aunque sí podía pasar que nuestro destino no fuese el mejor. De todos modos lo tomé con humor, dejamos nuestras cosas a un costado, y nos dispusimos a merendar. En cierto momento lo veo a Henry que estaba como pensativo, por el tema de la carpa que faltaba, y yo le digo como en broma que no tenía ningún problema en compartir la carpa con las dos francesas. No hizo demasiado caso a mis palabras y siguió pensando en el asunto. Pero más tarde llegaron Frederique y Aurelie, que no estaban presentes en el momento de mi comentario a Henry, y ante mi sorpresa él les pregunta si no tenían problema en que yo durmiese con ellas, a lo que ambas respondieron que estaba todo bien, supongo yo que porque durante el día habíamos conversado bastante y había buena onda. Víctor no corrió la misma suerte que yo y se tuvo que ir a dormir con los dos flacos israelíes: Ziv que parece bastante quisquilloso, y Arik, que pese a tener un poco de cara de muerto y amargo, creo que es más buena onda. Después de la cena, cada uno se ubicó en su lugar en las respectivas bolsas de dormir, y una vez apagada la luz comenzó a correr la noche pudiendo dormir solamente de a pequeños intervalos, debido a la incomodidad del suelo.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Día 30: El boleto no tan mágico
22.sep.2010
Segundo día del paro y segundo día con pocas cosas para hacer. En las calles había muchas manifestaciones, pero absolutamente diferentes a las que estamos acostumbrados a ver en Buenos Aires. La gente marcha por las calles ordenadamente, sin violencia ni ánimos de generar disturbios, sino simplemente para expresar un reclamo justo. Para aprovechar el día fuimos a un par de museos a los cuales teníamos acceso por haber comprado el boleto general de un city tour, que compramos el día anterior para poder entrar a las ruinas de Saqsaywaman, y que permite el ingreso a varios lugares. Salía unos buenos mangos, pero parecía que era una especie de boleto mágico con el cual podía uno entrar a cualquier lugar de la ciudad. Después quisimos ir a otros museos pero no pudimos ya que sus puertas se mantenían cerradas por el tema del paro, y otros más a los cuales tampoco entramos porque nos exigían el pago de una entrada, ya que el acceso a ellos no estaba incluido en el boleto general. Pero lo más cómico fue cuando nos quisieron cobrar por entrar no a una, sino a dos iglesias. Aparentemente tienen horarios diferenciados para misa y para turismo, pero de todos modos me parece cualquiera que la entrada no sea libre. No quisiera alarmar a nadie, pero me parece que la religión se estaría convirtiendo en un negocio…
sábado, 13 de noviembre de 2010
Vestigio inka
Me levanto, me preparo un café con leche, y veo en la heladera el frasco de awaymanto del inka, una mermelada que traje de Perú, que tiene un sabor rico y desconocido. Unto dos pancitos con este dulce y me preparo para disfrutarlos. Cierro el frasco, y cuando estoy guardándolo nuevamente en la heladera, sosteniéndolo por la tapa, ésta se desprende del recipiente, cayendo al suelo y produciendo una explosión de cristales y dulzura. El frasco estaba prácticamente lleno, pero quedó irrecuperable, con miles de astillas de vidrio en su interior. Poco a poco empiezan a desaparecer los recuerdos del viaje.
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